Psiconeuroinmunología y Medicina Conductual

Psiconeuroinmunología

La Psiconeuroinmunología actualmente está traspasando los límites biológicos acerca de las perspectivas de la enfermedad para considerar a los componentes conductuales como una parte integral de la salud y de la enfermedad. Conceptualmente, la incorporación de la dimensión conductual está representada en términos de la interacción entre el Sistema Nervioso Central y el Sistema Inmunológico. De acuerdo con este autor, múltiples estudios avalan la enfermedad como fenómeno situacional, considerando como la investigación en esta área se dificulta por la relación compleja y no lineal entre las dimensiones conductual y biológica del Sistema Inmunológico.

Bongioanni (1993) y Ballieux (1992), sostienen que el Sistema Nervioso y el Sistema Inmunológico se comunican a través de dos vías: Por los mensajes enviados por las neurohormonas y los neurotransmisores usando la vía anatómica y funcional, involucrando el hipotálamo, la hipófisis, la pituitaria, las glándulas endocrinas periféricas, y a través del Sistema Nervioso Autónomo. Así mismo, señala que el Sistema Inmunológico es capaz de controlar algunas funciones nerviosas a través de la citosina, moléculas pépticas producidas por los inmunocitos, las cuales también pueden ser secretadas en ciertas condiciones por las células neurales tales como los astrositos, microglias y otras neuronas. El conocimiento de la fisiología de la neuroinmunorregulación y de los cambios patológicos relacionados puede ser muy útil para entender la patogénesis y patofisiología de las enfermedades neuroinmunológicas, tanto para el diagnóstico como para el tratamiento.

Las terminaciones nerviosas de células y las células blancas del Sistema Inmunológico se hallan en contacto íntimo, y en un momento dado, las sustancias químicas elaboradas por los nervios pueden impedir la actividad del Sistema Inmunológico en las células adyacentes. Esto podría explicar por qué algunas enfermedades como, por ejemplo, la psoriasis sea exacerbada por el estrés y los estados de ansiedad.

En cuanto a la depresión, otro de los grandes “males” del nuevo milenio, puede explicarse por diversos fenómenos:

1. Estaría en relación con la disminución de los reforzadores positivos contingentes a las conductas del paciente. Una baja tasa de contingencias positivas depende de las habilidades sociales del individuo, del grado de ansiedad experimentado y del nivel de actividad que mantiene. Por esto, un bajo nivel de actividad, habilidades sociales inadecuadas y ansiedad, son considerados los síntomas centrales de la depresión.

2. Se vincula con la exposición a eventos aversivos ante los cuales los repertorios del sujeto son ineficaces. Por lo tanto, se alteran las respuestas del sujeto debido a que no se produce la relación funcional entre sus conductas y las contingencias.

3. Se propone que la depresión implica déficit en uno o más de los siguientes procesos: Auto monitoreo, Auto evaluación y Auto reforzamiento. Los déficits en el auto monitoreo normalmente consisten en una selectividad para captar los aspectos negativos de una situación, excluyendo los aspectos positivos; o bien las consecuencias inmediatas aversivas, excluyendo las consecuencias positivas a largo plazo. El déficit en auto evaluación supone dificultad en la atribución de la responsabilidad ante la propia conducta y el déficit en auto reforzamiento está en relación con la insuficiente auto administración de contingencias positivas por conductas adecuadas y el exceso de auto castigo.

 

Los procedimientos de intervención utilizados en la depresión incluyen: planificación de actividades, reforzamiento contingente a la adquisición de las conductas metas, reestructuración cognitiva y asignación de tareas.

Lo hasta aquí expuesto sugiere implicaciones y ramificaciones para el psicólogo en el área de la salud, las cuales lucen relevantes e incalculables. Más que conclusiones, es evidente la presencia de interrogantes.

Necesitamos investigar más y mejor el continuo mente-cuerpo, representado por la relación entre el Sistema Nervioso y el Sistema Inmunológico, con la intermediación del Sistema Endocrino. Ya sabemos que los trastornos en la salud física afectan las conductas, cogniciones y emociones. Ahora bien, ¿de qué modo las actitudes y los estados de ánimo especiales ayudan a prevenir, mejorar y a veces curar adicciones, enfermedades crónicas, cáncer y dolencias cardíacas o auto inmunes, entre otras?

Medicina Conductual

La Medicina Conductual como campo interdisciplinario que se inscribe en el contexto de la Medicina Familiar, la Rehabilitación, la Medicina Interna, la Psiquiatría, la Psicología y la Pediatría y donde la labor del psicólogo clínico consiste básicamente en analizar las conductas asociadas a problemas de salud, desarrollando y aplicando técnicas efectivas para controlar y modificar tales conductas, hace énfasis en el vigor científico de los problemas que involucran conducta y salud.

Hay coincidencia en que el rol del psicólogo, dentro del equipo interdisciplinario, debe estar dirigido a resolver problemas psicosociales asociados a la enfermedad y a los procedimientos médicos, así como a aumentar la cooperación del paciente con el tratamiento y a orientar a los familiares en el manejo de la ansiedad asociada, pues estos pueden facilitar el progreso de los pacientes si participan y apoyan el programa de intervención psicológica.

Para ejemplificar esto, profundizaremos en la tendencia del abordaje psicológico en una de las enfermedades que hemos mencionado: El cáncer en la población infantil. Elegimos ésta no sólo por su incidencia mundial -es una de 5 primeras causas de muerte- sino también por sus impactantes connotaciones negativas y devastadoras consecuencias en los planos cognitivo, afectivo y conductual.

Actualmente, el manejo de los niños con cáncer está dirigido a lograr la adaptación de estos a su enfermedad, y al restablecimiento de su rutina habitual en diversas áreas (escolar, familiar, auto cuidado y socio-recreativa).

Un elemento importante para mejorar la calidad de vida de estos pacientes consiste en ayudarlos a mantener toda la independencia que sea posible: proporcionándole tanto al niño como a sus padres todas las herramientas necesarias para enfrentar la situación, así como la información suficiente para el conocimiento de su enfermedad.

Por otra parte, se plantea que el infante debe ser preparado para enfrentar el tratamiento, orientado de manera que comprenda, tomando en cuenta los límites de su edad, el mal que padece y las posibilidades de curarse, suponiendo que un niño preparado que participa y colabora con su tratamiento ayuda a mejorarse. Así mismo, a través de la programación explícita de interacciones individuo ambiente, es posible poner al paciente en contacto con fuentes de reforzamiento positivo, incrementando así los repertorios suprimidos.

Debido a que el paciente posee estos repertorios y que el nuevo arreglo ambiental en ocasiones no incluye la presencia de estímulos discriminantes específicos para la conducta deseada, se recurre a la instigación verbal. Las instrucciones, que proveen al sujeto de información precisa sobre el tipo de respuesta requerida, actúan como estímulos discriminativos capaces de elicitar respuestas específicas, lo cual propicia la ocasión para que éstas sean reforzadas. Esto implica dos precurrentes: El individuo debe ser capaz de seguir instrucciones y debe poseer el repertorio exigido. Debido a que las instrucciones constituyen estímulos suplementarios, deben eliminarse cuando ya no son estrictamente necesarios, es decir, cuando la frecuencia de la conducta alcance el criterio establecido.

El estrés influye en el Sistema Inmunológico, y los recientes progresos en neurociencias e inmunología han dilucidado que el mecanismo a través del cual el estrés induce cambios inmunológicos tiene relación con las interacciones entre el Sistema Nervioso y el Sistema Inmunológico, demostrándose que el estrés incrementa la susceptibilidad a infecciones por bacterias y virus. Los estímulos estresantes y estados emocionales alterados están asociados con el decremento de la fagocitosis, con la reducción de la respuesta de los linfocitos a los mitógenos, disminución de la actividad de defensa normal de las células y con el riesgo de desarrollar neoplasias.

Los últimos hallazgos pueden abrir nuevas perspectivas para explicar cómo se desarrolla el cáncer y las medidas que se pudieran tomar en un futuro inmediato para interrumpir el crecimiento de células anormales, lo que provoca tumoraciones malignas. Los resultados de estos estudios, evidentemente, tienen una trascendencia extraordinaria y constituyen un punto de apoyo importante para el auge que continúa alcanzando actualmente la psicología como ciencia del comportamiento humano.


Referencias

Bongioanni, P (1993). Neuroinmunomodulation the bi and unilateral correlations between the nervous system and the inmune system. Minerva-médica, Jul-Aug; 84 (7-8), pp 365-381. 7–

Ballieux, R. E. (1992). Bidirectional communication between the brain and the immune system. European Journal of Clinical Investigation, 22,1, 6–9.

 

Autores:

Zuleima Pérez Orta
Psicóloga Clínica
Maestría en Orientación de la Conducta

María Gabriela Pastori Nahi
Psicóloga Clínica
Especialista en Dinámica de Grupos
Universidad Central de Venezuela

Heman, A. & Oblitas , L. A. (2013). Terapia Cognitivo Conductual Volumen 1. Bogotá: Biblomedia Editores

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