Acerca del Burnout y la “Autoayuda”

Los equipos de salud que trabajan en consultorios, centros asistenciales, ONGs dedicadas a problemáticas de derechos humanos, centros de atención a víctimas de violencia sexual, intrafamiliar, etc., soportan como equipos y en el nivel personal, una gran carga emocional y tensional producto del trabajo que realizan. Tal es así que se ha acuñado el término de burn out para dar cuenta de un estado particular de bloqueo a partir del desgaste sufrido en la labor cotidiana. Por burn out se entiende una amplia colección de síntomas que abarca trastornos del sueño, afecciones psicosomáticas, intranquilidad, incapacidad de concentración, dolores diversos, apatía, aburrimiento, etc. Basta decir que dicho término es meramente descriptivo, es decir, no da cuenta acerca de los motivos que llevan a los equipos a ese estado, de las causas que determinan dichos fenómenos, ni acerca de los procesos de vulnerabilidad que están en juego cuando se realizan determinados trabajos.

Es común observar que ante la visualización de un operar iatrogénico por parte del equipo de salud, se acostumbra indicar un taller de autoayuda o autocuidado, una propuesta realmente insólita. Si la autoayuda es posible, es decir, si cada quien por su cuenta o en grupo pudiera “solucionar” los problemas psíquicos por sí mismo en un acto voluntario, nadie sería pasible de ser objeto de “enfermedad psíquica”, sufrir sintomatología, angustias variadas y malestares diversos que conforman lo que se acostumbra a denominar como neurosis. El taller de autoayuda se reduce a suponer que algunos ejercicios corporales sin más o algunas reuniones donde se “debatan problemas” o los diversos integrantes del grupo puedan plantear las disconformidades que tienen con otros (“hay que decir las cosas”), alcanzaría para tranquilizar a los miembros del equipo. En los hechos, cuando se “habla de más”, cuando se dicen cosas sin el necesario espacio (que resguarda la seguridad psicológica) para la contextualización, elaboración y procesamiento de las repercusiones de lo que se dice, se generan “anticuerpos” adicionales, lo que a corto plazo implica resentimiento y distanciamiento entre los miembros del grupo. Se trata sin más, de suponer que la catarsis por sí misma es curativa, posición superada ya a principios de 1900. Además, la propuesta de “autocuidado” significa hacer responsable a los propios miembros del equipo de aquello que les acontece, culpándolos tácitamente de su propia insania. Es una manera “elegante” por la cual la institución se desentiende de lo que ocurre en su seno, de lo que “produce” (como lo no visible) además de lo que produce, así como de ciertos efectos que el trabajo instituido conlleva.


¿El trabajo enferma?

De lo que se trata entonces es de dilucidar dónde está el problema, o, mejor aún, de qué tipo de problema se trata.

El punto de vista más simple supone que el estado designado con el término de burn out es producto directo de la carga de trabajo, de la tensión que el trabajo genera, del cansancio natural efecto de un desgaste físico y de concentración mental, en suma, del trabajo al fin. Por ello, no dejan de aparecer aquellos que aconsejan vacaciones, “pensar en otra cosa”, moverse, “darse tiempo para divertirse”, relajarse – hay talleres también para eso-, etc.

Se puede sostener la tesis de que no es el trabajo el que produce el estado de burn out. Me animo a proponer todo lo contrario, el trabajo ayuda a salir del estado de burn out. .

Se puede demostar que el trabajo – como acto de transformación del entorno – tiene efectos muy importantes sobre el sentimiento de realización personal, sobre el aprendizaje, sobre el fortalecimiento del Yo; en suma, colabora de manera significativa en el reforzamiento del narcisismo y por tanto es un aspecto que apoya la autoafirmación personal. Ver un objeto como producto terminado, en cuyo proceso se ha tenido participación parcial o total, es siempre un factor positivo para el crecimiento yoico. Vale la pena hacer la salvedad que no se está reflexionando acerca del trabajo que realiza el esclavo…hasta morir, ya que allí no hay trabajo humano propiamente dicho. Castoriadis (1983) se pregunta ¿cómo fue que se produjo en un momento histótico-social un imaginario colectivo que significaba pensar al ser humano como no humano?

Además, todo acto de transformación en lo real, repercute en un cierto cambio del propio aparato psíquico. De ahí que no haya nada más tremendo que no poder trabajar (caso de los desocupados, jubilados, lisiados etc.). El hombre se transforma en la medida en que transforma el mundo circundante y el trabajo es la manera de transformar el mundo. Esto se explica por el mecanismo de la internalización del objeto, producido en una dialéctica compleja que ha enriquecido al hombre y a la sociedad en este proceso llamado civilización.

Este análisis no implica que también, efecto de las problemáticas complicadas y angustiantes resultado del trabajo, no puedan producirse en las personas reactivación de síntomas producto del desencadenamiento de patologías individuales, lo que deberá ser tratado de manera personal en los espacios psicoterapéuticos apropiados para ello. Pero lo que interesa en esta ocasión es interrogar al fenómeno colectivo de burn out, como producto de una relación con el trabajo que está institucionalizada y que afecta por igual – aunque con distintos grados de intensidad y particularidad – a todo el equipo de trabajo.

En suma, si no es el trabajo mismo el que produce el agotamiento, entonces a qué se debe el estado de burn out.

Producción y reproducción institucional

Bleger (1966:91), en un texto tan memorable como visionario y, sin embargo, ignorado, realizó la observación de que “la institución tiende a adquirir la misma estructura y el mismo sentido que el problema que se propone resolver. El asilo tiene en su organización la misma alienación que sus pacientes”. Esto es, que el equipo de salud que manifiestamente trabaja por la salud, en su mecánica y de manera no consciente, tiende a producir y a re-producir la “enfermedad” que dice tratar, se mimetiza con ella y la abraza y la adopta como su ideal ignorado. Destino fatal de los equipos de especialistas que terminan produciendo aquello que combaten. La alienación se instala en los propios equipos, esta parece ser parte de su “condena”.

¿Cuál es la razón de este fenómeno?

El que la alienación se vaya instalando paso a paso en el equipo, no necesariamente implica que ello es consecuencia o producto del trabajo mismo. Se habla de las relaciones interpersonales, del clima laboral, de cierta mecánica institucional que regula la realización del trabajo. Si se les preguntara a los participantes de un equipo a qué se debe su agotamiento, si se pudiera escuchar qué tienen para decir, se vería que la queja no es sobre el trabajo en sí, sino sobre las condiciones bajo las cuales éste se realiza.

¿Por qué se produce este efecto? Bleger puntualiza el problema, lo marca, no lo explica, nos deja con los interrogantes sobre sus causas. Bleger no contaba aún con las teorías producidas a partir de la década del 70, por el análisis institucional francés (Lourau 1975, Lapassade 1977, Mendel 1974, Guattari 1976, Foucault 1976, etc.). El pensamiento del movimiento institucionalista, se orienta a reflexionar acerca de las instituciones y la problemática del poder que en ellas se encarna. Con estos instrumentos es posible elucidar algunas razones efecto de las cuales el burn out termina instalándose en los equipos que trabajan en instituciones.

Se trata de pensar cómo funciona la institución, de qué manera la institución que acoge un equipo de salud es a su vez una institución del sistema que tiene como “misión” producir aquello que producen las instituciones del sistema, ya que ha sido construida a la imagen y semejanza del propio Estado. Por ello, más allá del trabajo que la institución realiza, está el encargo (1) de una doble función de orden y control social que se debe ejercer. Por tanto, la manera de organizar el trabajo en su interior no solamente responderá por los objetivos del trabajo en sí, sino que también por el encargo – estatal – cursado. Dicho encargo de orden y control atravesará toda la producción de la institución, condicionando sus procesos.

La alienación tiene que ver con el proceso mediante el cual el producto del trabajo – en la medida en que se objetiva como tal – se torna un objeto ajeno al trabajador, si bien ese objeto lleva en su naturaleza la fuerza de trabajo del trabajador y su capacidad creativa. El trabajo, entonces, es ajeno al trabajador. El objeto patentiza la cuota de fuerza de trabajo que se materializó en haber realizado – de algún modo – un aporte, una contribución creativa en el acto de transformación (individual o colectivamente). Pero cada vez más, las instituciones con sus sistemas de organización del trabajo al servicio del control, cercenan las contribuciones de los trabajadores, la creatividad que los mismos desean poner en juego en el acto de transformación como efecto de su poder de incidir, de tener cierto control sobre el objeto de su producción y sobre los destinos de éste (Mendel 1993).

En la medida en que cada vez más las instituciones se apropian del poder de los trabajadores (funcionarios, técnicos, profesionales), coartan de manera importante las alternativas de realización personal que los mismos pueden cursar a través de su trabajo, rutinizan las relaciones interpersonales, norman los procedimientos, frenan toda iniciativa, causando un sensible efecto de frustración en los integrantes de la institución. Indirectamente, la jerarquía institucional atenta contra el mantenimiento de grupos, generando como efecto una acentuación de los sentimientos de soledad de los que la pertenencia al grupo protege. No hay grupo entonces, para pensarse, para adquirir identidad producto de la pertenencia: la identidad grupal es afectiva, la identidad que provee la afiliación institucional es formal.

 

Referencias

Bleger, J. (1966) Psicohigiene y psicología institucional. Buenos Aires: Paidós.

Castoriadis, C. (1983) La institución imaginaria de la sociedad. Barcelona: Tusquets

Foucault, M. (1976) Vigilar y castigar. México, D.F.:S. XXI.

Guattari, F. (1976) Psicoanálisis y transversalidad, S. XXI, México, D.F.

Lapassade, G. (1977) Grupos, organizaciones e instituciones. Barcelona: Granica.

Lourau, R. (1975) El análisis institucional. Buenos Aires: Amorrortu.

Mendel, G. (1974) Sociopsicoanálisis 1 y 2. Buenos Aires: Amorrortu.

Mendel, G. (1993) La sociedad no es una familia. Buenos Aires: Paidós.

 

Autor:

Horacio C. Foladori

Oblitas Guadalupe, L. A. (2015). Manual de Psicología Clínica y de la Salud Hospitalaria Volumen 1.  Bogotá: Biblomedia Editores.

4 Comentarios

  • Mariza

    Muchas gracias, por comentarlo, muy importante en estos tiempos.

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  • Marcos Pérez

    Excelente artículo, debido a este síndrome (Burnout), ocurrió en Tenerife-España, el 27 de marzo de 1977 el accidente con el mayor número de victimas mortales en la historia de la aviación, conocido como el accidente de los Rodeos donde chocaron dos Boeing 747 de la aerolínea KLM y Panam.

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  • ULISES

    Muy bueno el artículo, gracias por el aporte.

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  • Victor M Bueno

    Me parece genial el artículo.

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