Depresión subtipos clasificación e impacto

La Depresión es un desorden afectivo caracterizado por aplanamiento del estado de ánimo, pérdida de interés y de motivación.

También se caracteriza por la incapacidad para sentir o derivar placer a partir de lo que se hace, padeciendo. Se suma sentimientos de culpa, baja autoestima, alteraciones del ciclo del sueño, incremento o disminución del apetito, y problemas para lograr concentrarse. En el peor de los escenarios, la Depresión puede conducir al suicidio.

Hay diversas formas de Depresión. El DSM-IV enumera dos subdivisiones principales de los cuadros de Depresión basados en la fenomenología de los episodios afectivos recurrentes. Por un lado, se encuentra la enfermedad afectiva bipolar, la cual se asocia con episodios recurrentes tanto de Depresión mayor como de manía o hipomanía. Por otro lado, se tiene la depresión mayor unipolar, la cual se caracteriza por episodios recurrentes de depresión mayor (American Psychiatric Association [APA], 2000).

Los trastornos afectivos se originan a través de una compleja interacción entre factores:

  • Genéticos y herencia
  • Conjunto de factores experienciales del desarrollo y ambientales.

Se ha demostrado que la exposición a condiciones generadoras de estrés (estresores) durante la infancia (maltrato infantil y/o abuso físico, psicológico o sexual) afecta la conducta y el desarrollo psicosocial del individuo e incrementa la sensibilidad o la probabilidad de desarrollar trastornos afectivos y de ansiedad en la edad adulta.

Genética

La contribución total de los factores genéticos en el origen de esta enfermedad se ha estimado en el 37% (López-León et al., 2008). Cifra similar a la reportada (40%) para desórdenes neuropsiquiátricos en general por Uhl y Grow (2004).

Los familiares de primer grado tienen un riesgo de 2 a 4 veces mayor que el de la población general de desarrollar trastorno depresivo mayor. De hecho, la historia familiar de Depresión y el ambiente familiar han resultado ser los principales indicadores de riesgo para desarrollar Depresión.

La Depresión contribuye de manera significativa a la carga global de enfermedad. Esto afecta a personas en todas las comunidades del mundo, y es una de las causas principales de discapacidad a nivel mundial.

Los trastornos depresivos comienzan a menudo a temprana edad. Tienen una alta tasa de recurrencia y toma un curso crónico en el 30% de los casos (Gómez-Restrepo et al., 2012).

El curso clínico de la Depresión es muy variable y su respuesta al tratamiento es relativamente inconsistente. Por esta razón aproximadamente un tercio de las personas afectadas por este padecimiento no responden a los tratamientos farmacológicos disponibles. Por todo, lo anterior se considera de gran importancia en el estudio de la Depresión.

Definición de Depresión

De acuerdo a su definición etimológica, el término ‘depresión’ proviene de los vocablos latinos “de” que significa ‘hacia abajo’, y “press(um)” que significa ‘oprimido’.

En latín, dēpressiōn(em) es ‘descenso’. En latín tardío aparece con significado psicológico en la expresión “animae dēpressio”, que significa ‘bajada de ánimo’ (Cortés-Gabaudan & Ureña-Bracero, 2011).

González, Valdez y González-Arratia (2011) definen la Depresión como un estado de ánimo negativo. En este estado el procesamiento de información, tanto interna como externa, por parte del individuo se realiza de manera inadecuada. Esto tiene efectos directos sobre su estructura biopsicosocial, que es caracterizada por un aplanamiento afectivo con sentimientos intensos y frecuentes de tristeza, soledad y miedo.

Síntomas

Los síntomas de la Depresión incluyen:

  • Tristeza persistente.
  • Disminución en la capacidad de concentración.
  • Sentimientos culpa/inutilidad.
  • Incapacidad para sentir placer.
  • Pérdida de interés y de motivación.
  • Disminución de la energía.
  • Disminución del apetito.
  • Problemas del sueño.
  • Alteraciones psicomotoras e ideación suicida.


Estas manifestaciones deben persistir durante la mayor parte del día, y presentarse la mayor parte de los días de la semana por lo menos durante dos semanas (American Psychiatric Association, 2000).

La mnemotecnia propuesta por Cassem y Coyle para facilitar el recuerdo de los criterios diagnósticos de Depresión es:

  • D + SIGECAPS (mood Depressed [ánimo deprimido] + Sleep disturbed [trastornos del sueño].
  • Interest [pérdida del interés], Guilt [sentimientos de culpa] y autoreproches.
  • Enjoyment blunted [capacidad disminuida para disfrutar], Concentration disturbed.
  • Appetite doun (or up) [alteración del apetito].
  • Psychomotor agitation, retardation [agitación o retardo psicomotor.
  • Suicidal thoughts [ideación suicida] (Cassem & Coyle, 1996).

Subtipos de Depresión

El DSM-IV enumera dos divisiones principales de los cuadros de Depresión. Estos cuadros están basados en la fenomenología de los episodios afectivos recurrentes más que el fenotipo clínico de la Depresión.

Por un lado, se encuentra la enfermedad afectiva bipolar, la cual se asocia con episodios recurrentes tanto de Depresión mayor como de manía o hipomanía. Esta enfermedad afecta del 1% al 2% de la población. Se presenta con casi igual frecuencia en los hombres y en las mujeres (Pini et al., 2005).

Cuando se considera en las estimaciones todos los trastornos que se agrupan dentro del espectro de desórdenes bipolares, se estima que hasta del 5% al 7% de la población general se ve afectada por estos problemas (Yutzy, Woofter, Abbott, Melhem, & Parish, 2012).

En población de adolescentes, la prevalencia de estos desórdenes es de alrededor del 4% (Merikangas, Cui, Kattan, Carlson, Youngstrom, & Angst, 2012), y parece existir un importante componente hereditario/genético en el desarrollo de esta enfermedad (Birmaher et al., 2009).

Trastorno depresivo mayor

Por otro lado, se tiene a la Depresión mayor unipolar, la cual se caracteriza por episodios recurrentes de Depresión mayor; ésta ocurre en aproximadamente el 12% de la población general, y se presenta con una preponderancia femenina de 2:1. La Depresión unipolar se asocia también a factores hereditarios y genéticos, e involucran múltiples genes (American Psychiatric Association, 1994).

De igual manera, la Depresión puede clasificarse en múltiples subgrupos. Por ejemplo, atendiendo a su etiología, se puede hablar de la depresión postparto o del trastorno afectivo estacional.

De acuerdo al DSM-IV, un episodio de depresión mayor que se desarrolla en las primeras 4 semanas después del parto corresponde a una Depresión postparto (Wisner, Parry, & Piontek, 2002). Este período de tiempo corresponde a los rápidos cambios hormonales que, de alguna manera, contribuyen a la vulnerabilidad a la Depresión. Sin embargo, debido a que diversos factores psicosociales también juegan un papel importante en el desarrollo de la Depresión postparto, la mayoría de los investigadores utilizan una definición que abarca los primeros 6 meses posteriores al parto (Miller, 2002).

El patrón de los síntomas en las mujeres con Depresión posparto es similar al de las mujeres que tienen episodios no relacionados con el parto, y este cuadro suele presentarse con una tasa promedio del 10% al 18% (Flores & Hendrick, 2002).

Por su parte, el trastorno afectivo estacional es una combinación de alteraciones biológicas y del afecto con un patrón estacional, predominantemente en otoño/invierno y remitiendo en primavera/verano, que se observa principalmente en latitudes altas (Kurlansik & Ibay, 2012). En un año determinado, aproximadamente el 5% de la población de Estados Unidos experimenta este trastorno, con una duración de los síntomas que puede abarcar hasta 40% del año (Rohan, Roecklein, & Haaga, 2009).

La Depresión melancólica

Asimismo, la Depresión puede clasificarse en función de su dimensionalidad (por ejemplo, severa, crónica, persistente), o bien, en base a categorías especiales, entre las cuales destacan la Depresión melancólica y la depresión atípica (Juruena, Calil, Fleck, & Del Porto, 2011).

La Depresión melancólica parece contradecir al propio término ‘Depresión’, pues se caracteriza por un estado de hiperexcitación patológico. La persona afectada experimenta una intensa ansiedad, la cual, a menudo, se centra en sí misma y toma la forma de sentimientos de inutilidad, y es invadida por recuerdos de transgresiones del pasado, fracasos y desamparo.

Los melancólicos son acosados por el miedo acerca de las perspectivas futuras. Poco importa que sus autoevaluaciones y recuerdos emocionales sean discordantes con los hechos de su vida. Más bien, sus sentimientos de deficiencia personal permean su pensamiento y afecto.

Las personas que sufren de Depresión melancólica manifiestan evidencia de hiperactividad fisiológica, como hipercortisolismo e hiperactividad de los ejes hormonales reproductivos, supresión de la secreción de hormona del crecimiento, insomnio (más a menudo, despertar muy temprano por la mañana), y pérdida de apetito. Otra característica constante de la melancolía es la variación diurna en la severidad del estado de ánimo deprimido, que suele ser mayor temprano en la mañana (Gold & Chrousos, 2002).

Depresión atípica

La Depresión atípica, aunque también está asociada con disforia y anhedonia como sucede en la Depresión melancólica, es en muchos sentidos la antítesis de la melancolía.

La Depresión atípica se asocia con una sensación inquietante de desconexión y vacío, con breves reacciones emocionales puntuales a las circunstancias externas.

En contraste con los melancólicos, que parecen tener un acceso fácil a los recuerdos con carga negativa, los pacientes con Depresión atípica a menudo parecen estar amurallados y separados de sí mismos.

Las personas melancólicas pueden quejarse de cansancio cognitivo y mental y evitar interactuar con otras personas, a menudo con la sensación de que el contacto social sería demasiado exigente, agotador y mal recibido.

Los síntomas neurovegetativos en la depresión atípica son el reverso de los de la melancolía y consisten en letargo, fatiga, somnolencia excesiva, aumento de la ingesta de alimentos, aumento de peso y empeoramiento de los síntomas depresivos a medida que avanza el día (Gold & Chrousos, 2002; Juruena et al., 2011).

Esta distinción clínica entre Depresión melancólica y Depresión atípica ha mostrado ser válida a lo largo del tiempo en numerosos estudios. La Depresión atípica es en sí un grupo distinto de Depresión, más que una forma leve de melancolía (O’Keane, Frodl, & Dinan, 2012).

Sólo del 25% a 30% de los pacientes con Depresión mayor presentan características melancólicas puras mientras que otro 15% a 30% se presentan con características atípicas puras.

Las personas con características melancólicas o atípicas muestran un curso mucho más grave de la enfermedad (Cristancho, O’reardon, & Thase, 2011).

Impacto de la Depresión

Como enfermedad, la Depresión que ocasiona más sufrimiento, discapacidad y años de vida saludable perdidos (World Health Organization, 2004).

La Depresión es una de las causas más importantes de discapacidad a nivel mundial, con una prevalencia poblacional, a lo largo de la vida, del 20% (Kessler, Chiu, Demler, Merikangas, & Walters, 2005).

Su prevalencia ha ido en aumento en las últimas tres décadas (Hasin, Goodwin, Stinson, & Grant, 2005), y se ha estimado que la Depresión será la segunda causa de carga de enfermedad a nivel mundial, y la primera causa en países desarrollados, para el año 2020 (Murray & López, 1997).

Esta enfermedad tiene una alta tasa de recurrencia, la cual varía del 40 al 85% en los diez primeros años de establecido el diagnóstico (Gómez-Restrepo et al., 2012; Mann, 2005) y toma un curso crónico en el 30 % de los casos (Gómez-Restrepo et al., 2012).

Más del 50% de las personas que se recuperan de su primer episodio depresivo tendrán un segundo episodio en los primeros 6 meses, a menos que reciban tratamiento antidepresivo de mantenimiento.

Para aquellas personas que no reciban tratamiento antidepresivo, el desenlace puede ser fatal, ya que hasta el 15% cometerán suicidio (Gold & Chrousos, 2002).

Morbilidad

Asimismo, las enfermedades que afectan la salud mental se asocian de forma independiente con un exceso sustancial en el riesgo de mortalidad por todas las causas en general.

La mayoría de los estudios se han centrado en las asociaciones con la Depresión. Un meta-análisis de 15 estudios poblacionales reportó que el diagnóstico de Depresión se asociaba a un mayor riesgo de muerte por cualquier causa, obteniéndose un odds-ratio (OR) de 1.73 (95% CI 1.53-1.95) (Saz & Dewey, 2001).

Existe una importante estigmatización que lleva a la discriminación de los enfermos y sus familias, provocando un sufrimiento adicional al que produce la enfermedad misma (Belló, Puentes-Rosas, Medina-Mora, & Lozano, 2005). A este fenómeno se añade el sufrimiento derivado de la propia autoestigmatización resultante de una internalización del estigma social hacia las enfermedades mentales y hacia otras condiciones que determinan el ser portador de una identidad oculta que es estigmatizada socialmente (Quinn et al., 2014), y de las consecuencias clínicas de dicha internalización (Livingstom & Boyd, 2010).

American Psychiatric Association. (2000). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (4th ed., Text Revision). Washington, DC: Author. DOI:10.1176/appi.books.9780890423349.

Belló, M., Puentes-Rosas, E., Medina-Mora, M. E., & Lozano, R. (2005). Prevalencia y diagnóstico de depresión en población adulta en México. Salud Pública de México, 47(Suppl. 1), S4-S11.

Birmaher, B., Axelson, D., Monk, K., Kalas, C., Goldstein, B., Hickey, M. B., Obreja, M., Ehmann, M., Iyengar, S., Shamseddeen, W., Kupfer, D., & Brent, D. (2009). Lifetime psychiatric disorders in school-aged offspring of parents with bipolar disorder: the Pittsburgh Bipolar Offspring study. Archives of General Psychiatry, 66(3), 287-296. DOI:10.1001/archgenpsychiatry.2008.546

Cortés-Gabaudan, F., & Ureña-Bracero, J. (2011). Diccionario médico-biológico, histórico y etimológico. Recuperado de http://dicciomed.eusal.es/

Cristancho, M. A., O’reardon, J. P., & Thase, M. E. (2011). Atypical depression in the 21st century: Diagnostic and treatment issues. Psychiatric Times, 28(1), 42-47.

Flores, D. L., Hendrick, V. C. (2002). Etiology and treatment of postpartum depression. Current Psychiatry Reports, 4(6), 461-466. DOI:10.1007/s11920-002-0074-x

Gold, P. W., & Chrousos, G. P. (2002). Organization of the stress system and its dysregulation in melancholic and atypical depression: high vs low CRH/NE states. Molecular Psychiatry, 7(3), 254-275. DOI:10.1038/sj.mp.4001032

Gómez-Restrepo, C., Bohórquez, A. P., García, J., Rodríguez, M., Rodríguez, J., Jaramillo, L. E., Palacio, C. A., Sánchez, R., Castro, S. M., & de la Hoz, A. M. (2012). Guía de atención integral para la detección temprana y diagnóstico del episodio depresivo y trastorno depresivo recurrente en adultos. Atención integral de los adultos con diagnóstico de episodio depresivo o trastorno depresivo recurrente Parte III: Tratamiento de la depresión resistente y la depresión con psicosis, tratamiento con terapia ocupacional y hospital día. Revista Colombiana de Psiquiatría, 41(4), 774-786.

González, S., Valdez, J. L. & González-Arratia, N. I. (2011). Depresión. En Moral, J., Valdez, J. L. & González-Arratia, N. I. (Eds.), Psicología y Salud (pp. 233-252). Saltillo, México: Consorcio de Universidades Mexicanas.

Hasin, D., Goodwin, R., Stinson, F., & Grant, B. (2005). Epidemiology of major depressive disorder results from the National Epidemiologic Survey on Alcoholism and Related Conditions. Archives of General Psychiatry, 62(10), 1097-1106. DOI:10.1001/archpsyc.62.10.1097

Juruena, M. F., Calil, H. M., Fleck, M. P., & Del Porto, J. A. (2011). Melancholia in Latin American studies: a distinct mood disorder for the ICD-11. Revista Brasileira de Psiquiatria, 33 (Suppl 1), S37-S58.

Kessler, R. C., Berglund, P., Demler, O., Jin, R., Merikangas, K. R., & Walters, E. E. (2005). Lifetime prevalence and age-of-onset distributions of DSM-IV disorders in the National Comorbidity Survey Replication. Archives of General Psychiatry, 62(6), 593-602. DOI:/10.1001/archpsyc.62.6.593

Kurlansik, S. L., & Ibay, A. M. (2012). Seasonal affective disorder. American Family Physician, 86(11), 1037-1041.

López-León, S., Janssens, A. C, González-Zuloeta Ladd, A. M., Del-Favero, J., Claes, S. J., Oostra, B. A., & van Duijn, C. M. (2008). Meta-analyses of genetic studies on major depressive disorder. Molecular Psychiatry, 13(8), 772-85. DOI:10.1038/sj.mp.4002088

Merikangas, K. R., Cui, L., Kattan, G., Carlson, G. A., Youngstrom, E. A., & Angst, J. (2012). Mania with and without depression in a community sample of US adolescents. Archives of General Psychiatry, 69(9), 943-951. DOI:10.1001/archgenpsychiatry.2012.38

Miller, L. J. (2002). Postpartum depression. Journal of the American Medical Association, 287(6), 762-765. DOI:10.1001/jama.287.6.762

Murray, C. J., & Lopez, A. D. (1997). Alternative projections of mortality and disability by cause 1990–2020: Global Burden of Disease Study. Lancet, 349(9064), 1498-1504.

O'Keane, V., Frodl, T., & Dinan, T. G. (2012). A review of atypical depression in relation to the course of depression and changes in HPA axis organization. Psychoneuroendocrinology, 37(10), 1589-1599. DOI:10.1016/j.psyneuen.2012.03.009

Pini, S., de Queiroz, V., Pagnin, D., Pezawas, L., Angst, J., Cassano, G. B., & Wittchen, H. U. (2005). Prevalence and burden of bipolar disorders in European countries. European Neuropsychopharmacology, 15(4), 425-434. DOI:10.1016/j.euroneuro.2005.04.011

Rohan, K. J., Roecklein, K. A., & Haaga, D. A. (2009). Biological and psychological mechanisms of seasonal affective dis­order: a review and integration. Current Psychiatry Reviews, 5(1), 37-47.

Saz, P., & Dewey, M. E. (2001). Depression, depressive symptoms and mortality in persons aged 65 and over living in the community: a systematic review of the literature. International Journal of Geriatric Psychiatry, 16(6), 622-630. DOI:10.1002/gps.396

Uhl, G. R., & Grow, R. W. (2004). The burden of complex genetics in brain disorders. Archives of General Psychiatry, 61(3), 223-229. DOI:10.1001/archpsyc.61.3.223

Yutzy, S. H., Woofter, C. R., Abbott, C. C., Melhem, I. M., & Parish, B. S. (2012). The increasing frequency of mania and bipolar disorder: causes and potential negative impacts. Journal of Nervous and Mental Disease, 200(5), 380-387. DOI:10.1097/NMD.0b013e3182531f17 Wisner, K. L., Parry, B: L., & Piontek, C. M. (2002). Postpartum depression. New England Journal of Medicine, 347(3), 194-199. DOI:10.1056/NEJMcp011542

Autor

Adrián Valle de la O.
José Moral de la Rubia

Escriba un comentario