Prevención del SIDA para disminuir el riesgo de aparición del VIH

La prevención del SIDA tiene como objetivo eliminar o disminuir el riesgo de aparición del VIH para toda la población.

En la actualidad se han realizado notables progresos en el tratamiento farmacológico del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA); de manera que las terapias combinadas con antirretrovirales nos permiten hablar del SIDA como una enfermedad crónica.

No obstante, mientras no se halle una vacuna eficaz para impedir nuevas infecciones, el enfoque preventivo, basado en acciones de promoción y protección de la salud, sigue siendo el más eficiente para interrumpir e impedir la expansión de la epidemia del sida.

Tal y como indica ONUSIDA (2003) cerca de las dos terceras partes de todas las infecciones previstas para el decenio actual podrían evitarse intensificando las estrategias de prevención existentes.

Objetivos de la prevención del SIDA

La intervención preventiva en el ámbito del SIDA tiene como objetivo eliminar o disminuir el riesgo de aparición del VIH para toda la población, intentando:

  1. Promover habilidades y comportamientos que eviten o disminuyan el número de nuevas infecciones (prevención primaria),
  2. Favorecer que las personas portadoras del VIH retrasen en la medida de lo posible el período sintomático del SIDA (prevención secundaria), y
  3. Lograr que los enfermos que han desarrollado la enfermedad gocen de una buena calidad de vida y del apoyo social y sanitario necesario.

La prevención en general, sin especificar el tipo, es la prevención primaria, es decir, aquellas acciones dirigidas a evitar nuevas infecciones. Este objetivo se puede alcanzar de tres formas:

  • Incrementando el grado de información de la población sobre la infección por VIH y las conductas que favorecen su transmisión.
  • Promoviendo conductas sexuales saludables, especialmente mediante el uso del preservativo.
  • Favoreciendo la adaptación ciudadana hacia los programas y medidas de prevención de la infección, especialmente con los colectivos más vulnerables.

La intervención preventiva del SIDA está en función de los mecanismos de transmisión.

A continuación, veremos los mecanismos de transmisipon con más detenimiento, centrándonos de forma especial en la transmisión sexual.

Mecanismos de transmisión

1. Vía sanguínea o parenteral

Actualmente el riesgo de contraer la enfermedad por transfusión de sangre o por utilización de material de inyección es nulo en los países desarrollados.

El problema de la infección por esta vía se encuentra entre los usuarios de droga por vía parenteral que comparten utensilios de inyección para preparar la droga (Nájera, 1997). Esta vía de adquisición de la infección resulta muy preocupante en varios países de América Latina.

Las características psicosociales y económicas de este colectivo y de las sustancias utilizadas hacen que sea una población muy sensible al contagio de distintas infecciones. Se que destaca el VIH por su elevada mortalidad.

El objetivo es facilitar el acceso de estos usuarios de drogas a los recursos preventivos y sanitarios. Diseñando intervenciones destinadas a reducir las conductas de riesgo. Para ello se ofrecen diferentes opciones de reducción de riesgos (por ejemplo, programas con sustitutivos de las drogas inyectables, de intercambio de jeringuillas, programas de dispensación de heroína, salas de inyección de menos riesgo o programas de promoción del sexo seguro).

En varios países europeos este tipo de intervención está cada vez más implantado como una vía para superar las limitaciones de los programas de desintoxicación. Se procura acercar su presencia a los puntos de venta y consumo de droga, barrios marginales y prisiones (Espada, 2000; Espada, Martínez y Medina, 1999; Lacoste, 1995).

2. Vía perinatal o vertical

La prevención de la transmisión del SIDA de madre a hijo es una de las principales prioridades en América Latina y el Caribe.

Hasta hace poco, sólo disponían de dos estrategias básicas para limitar el número de recién nacidos infectados por el VIH. Primera: la adopción de medidas para evitar que las mujeres se infecten con VIH. Segunda la prestación de servicios de planificación familiar e interrupción del embarazo, cuando es legal. Su objetivo es asesorar a las mujeres para que eviten embarazos. Estas siguen siendo las estrategias más importantes para reducir el VIH entre los niños pequeños. Constituyen actividades esenciales en todas las campañas contra el SIDA.

En la actualidad, sin embargo, existe una tercera opción para las mujeres seropositivas que quieren tener hijos; prevenir la transmisión del virus de una mujer VIH- positiva a su hijo. Se logra a través del acceso a la terapia antiretrovírica de combinación, de las prácticas de alumbramiento seguras (incluidas las operaciones cesáreas electivas). También proveyendo sustitutos de la leche materna.

No obstante, para que las mujeres puedan aprovechar las medidas dirigidas a reducir la transmisión materno infantil; deben conocer y asumir su estado respecto al VIH y aceptar que el VIH puede transmitirse de una madre infectada a su hijo. Deben saber que existen medidas para que ese riesgo disminuya.

Al día de hoy, prácticamente todos los países de la región están comprometidos en el desarrollo de programas de prevención materno infantil del VIH. Sus objetivos incluyen el que las mujeres tengan acceso a servicios prenatales y que reciban información, asesoramiento y otros servicios de prevención. También incluir el acceso a las pruebas voluntarias del VIH y la profilaxis con antirretrovirales cuando se indique.

3. Transmisión sexual

Supone la principal vía de transmisión del SIDA. A su vez la que plantea mayores dificultades de prevención, ya que implica a los dos miembros de la pareja. Éstos deben decidir entre mantener prácticas de riesgo o adoptar medidas de protección.

En el caso de los adolescentes, la situación se complica especialmente por una serie de factores de riesgo asociados a aspectos psicosociales de esta etapa evolutiva (Espada y Quiles, 2001). Los datos epidemiológicos justifican este interés prioritario, dado que la mayor prevalencia de casos de SIDA se da en el intervalo de edad de 20 a 39 años y que la mayoría de las nuevas infecciones afectan a jóvenes entre 15 y 24 años.

Modalidades en la prevención del SIDA

Desde la prevención primaria, las acciones se centran en modificar las conductas de riesgo como única forma de romper la cadena de transmisión y de controlar la epidemia. El modelo de prevención que obtiene mejores resultados es el comunitario, que reconoce la importancia de implicar a la sociedad en su conjunto, en particular a los grupos organizados dentro de ella (Segura, Hernández y Alvarez-Dardet, 1997). Las acciones comunitarias se pueden realizar a nivel institucional (escuelas, institutos, movimientos juveniles, centros de planificación familiar, etc.) y/o individual (consejo psicológico, entrenamiento en habilidades interpersonales, etc.).

Para la prevención primaria desde ámbitos educativos, los contenidos y objetivos que se pueden trabajar son muy diversos, aunque siempre se deben seleccionar desde el análisis de la realidad social y cultural en la que se inserta la escuela. La estrategia para que los contenidos resulten significativos y que la intervención educativa perdure, pasa por su inclusión en las asignaturas transversales del currículo ordinario (Gómez, 1994).

Modelos teóricos sobre la adquisición y mantenimiento de conductas de prevención del SIDA

Diversos modelos teóricos de Educación para la salud, señalan una serie de factores que influyen en la adopción de comportamientos de prevención y de riesgo del SIDA, de manera que su conocimiento pueda resultar de gran utilidad a la hora de diseñar estrategias educativas de prevención del SIDA.

Modelo Socio-Cognitivo

Así, el modelo socio-cognitivo desarrollado por Bandura (1994), explica el comportamiento humano a partir de tres elementos que se interrelacionan modificándose el uno al otro: a) determinantes personales, que incluyen factores cognitivos, afectivos y biológicos; b) la conducta y c) el ambiente. Un componente central en la teoría de Bandura es el concepto de autoeficacia, definido como la capacidad percibida por el sujeto para llevar a cabo conductas de afrontamiento de una situación.

La auto eficacia influye en el problema del SIDA, regulando la decisión de adoptar conductas preventivas de la infección por VIH, y el esfuerzo y la persistencia que la persona pondrá en su ejecución. Desde este punto de vista, una actuación preventiva eficaz debería actuar sobre los tres elementos, incluyendo los siguientes componentes: 1) información, con el fin de alertar a la población y aumentar su conocimiento acerca de los riesgos que conlleva el sexo sin protección, 2) desarrollo de habilidades sociales y de autocontrol, necesarias para que los conocimientos adquiridos se traduzcan en conductas concretas, 3) potenciar la auto eficacia, de forma que el sujeto tenga oportunidad de practicar y mejorar sus habilidades en situaciones de alto riesgo, y 4) apoyo social: fomentando el apoyo interpersonal para afirmar los cambios que una persona va realizando en sus hábitos.

Para que la información resulte eficaz, debe transmitir a los destinatarios la creencia de que ellos mismos pueden modificar sus hábitos y mejorar su salud. A continuación, se les enseña a realizar dichos cambios. La información sobre los hábitos de salud y las enfermedades puede hacer hincapié en los beneficios de realizar comportamientos saludables, o bien en las pérdidas o daños como consecuencia de unos hábitos nocivos.

Modelo de Creencias de Salud en la prevención del SIDA

El modelo de creencias de salud (Becker, 1974) ubicado entre las teorías del valor-expectativa supone que las conductas de protección están en función de:

  1. La percepción subjetiva del riesgo al que uno se expone de contraer la enfermedad si se practican conductas de riesgo.
  2. La gravedad percibida acerca de la enfermedad: la seriedad que el sujeto le atribuye, incluyendo consecuencias médicas como el dolor y la muerte, y también sociales y económicas.
  3. Los beneficios esperados por la puesta en práctica de las conductas de protección.
  4. Las barreras percibidas, o los costes derivados de realizar un comportamiento saludable. Estos inconvenientes pueden derivarse de la peligrosidad del comportamiento, por su coste económico, por lo desagradable de su ejercicio, o por el tiempo requerido. El sujeto sopesa los costos de poner en práctica la conducta preventiva y los beneficios que puede obtener.
  5. Las señales de atención que le recuerdan al sujeto la realización de actuaciones preventivas.

Páez, Ubillos, Pizarro y León (1994) aplican este modelo a la prevención del SIDA, señalando que para que un adolescente adopte conductas de prevención deben darse cinco elementos: a) que perciba el SIDA como una enfermedad grave, b) que esté realmente en riesgo o sea susceptible de adquirirlo, c) que conozca los mecanismos de prevención, d) que se encuentre motivado para ponerlos en práctica, y e) que cuente con los recursos necesarios para implantar finalmente las conductas de protección.

Modelo de la Acción Razonada para la prevención del SIDA

Según, el modelo de la acción razonada (Ajzen y Fishbein, 1980), los sujetos realizan una conducta de salud en función de las actitudes que mantengan hacia ella. Principalmente, la actitud hacia un determinado comportamiento, se compone de dos factores: la valoración que realizan de las consecuencias de su comportamiento y las expectativas de obtener esos resultados. Estos dos elementos, junto con la norma subjetiva (lo que un sujeto cree que piensan y hacen el resto de individuos semejantes a él), conforman una intención conductual, que posteriormente puede dar lugar a realizar una conducta de prevención.

Si aplicamos el anterior esquema a la adopción de medidas protectoras frente al SIDA, en primer lugar, el adolescente debería evaluar positivamente el uso del preservativo y tener expectativas favorables acerca de los beneficios que su uso le puede reportar. Además, si considera que sus «otros significativos» (amigos y compañeros de su edad), valoran positivamente su uso y a su vez lo utilizan, el adolescente tenderá con mayor probabilidad a emplear el preservativo en sus relaciones sexuales.

Modelo Transteórico del Cambio

También se ha aplicado el modelo transteórico del cambio (Grimley, Prochaska y Prochaska, 1997) para explicar los mecanismos de adquisición y mantenimiento de la conducta de usar preservativo. Según esta teoría, para que las campañas y programas de prevención obtengan el éxito esperado, deben tener presente la disposición hacia el cambio por parte de los destinatarios.

Según este modelo, existen varios estadios de cambio que preceden y siguen a la toma de decisión de una persona de usar consistentemente el preservativo: 1) precontemplación: en esta etapa se encuentran los sujetos que no utilizan siempre el preservativo, y que no tienen intención de empezar a hacerlo en un futuro inmediato, 2) contemplación: se hallan en esta fase las personas que no utilizan el preservativo siempre, pero tienen la intención de empezar a hacerlo en los próximos seis meses, 3) preparación: los sujetos en esta etapa utilizan preservativo a veces, o casi siempre, y pretenden comenzar a usarlo «siempre» durante el próximo mes, 4) acción: personas que emplean preservativo «siempre», y llevan haciéndolo un tiempo inferior a seis meses, y 5) mantenimiento: personas que hacen un uso consistente del preservativo durante un periodo superior a los seis meses.

Segunda dimensión Modelo Transteórico

La segunda dimensión de este modelo son los procesos de cambio. Se refieren a la forma en que los individuos van cambiando, e incluyen sus actuaciones manifiestas y encubiertas. El modelo describe once procesos de cambio aplicados al uso de preservativo (véase Grimley, Prochaska y Prochaska, 1997).

Otro componente de este modelo es el balance decisional, que se define como la valoración de las ventajas frente a las desventajas de usar preservativo. Este es un aspecto en común con el modelo de creencias de salud, en el que también se daba un papel relevante a la evaluación de los beneficios y pérdidas por el uso del profiláctico. Desde la perspectiva del modelo transteórico del cambio, las personas que se sitúan en las primeras etapas (precontemplación, contemplación) valoran más los contras que los pros del uso de preservativo. Según se avanza en los estadios, la tendencia se invierte, valorándose menos los inconvenientes y otorgando mayor valor a las ventajas.

Modelo PRECEDE

Otra interesante aproximación teórica es la ofrecida por Green, Kreuter, Deeds y Partridge (1980) a través del Modelo PRECEDE. El término proviene de la expresión inglesa «Predisposing, Reinforcing and Enabling Causes for Educational Diagnosis Evaluation». El modelo describe las variables que anteceden y suceden a las conductas de salud, agrupándolas en tres apartados: variables predisponentes, facilitadoras y reforzantes.

  1. Factores predisponentes a favor o en contra de la conducta preventiva: incluyen la información, las actitudes, los valores y las creencias.
  2. Factores facilitadores: se refieren a las habilidades para desarrollar los comportamientos preventivos, los recursos (materiales) y accesibilidad a los mismos (por disponibilidad o por factores personales). Los factores facilitadotes también pueden ser considerados como vehículos o frenos, en función de si posibilitan o dificultan la conducta saludable.
  3. Factores reforzantes: actitud y conducta del medio (consecuencias obtenidas en la familia, la pareja, la escuela, por desarrollar conductas saludables). Estos factores pueden tanto favorecer como entorpecer la adopción de comportamientos preventivos

Este modelo resulta muy útil como herramienta para el diagnóstico y evaluación de conductas de riesgo, ya que permite organizar las variables que median en dichos comportamientos. Posteriormente servirá de ayuda para la planificación de intervenciones preventivas, una vez se haya determinado sobre qué variables actuar.

Finalmente, en los últimos años se ha generado una tendencia a integrar los diferentes modelos predictivos de las conductas relacionadas con la salud, mediante una síntesis de las variables no redundantes.

Modelo de síntesis IMB

Dentro de esta perspectiva integradora, cabe destacar el modelo propuesto por Fisher y Fisher (1992), Modelo de síntesis IMB (Information, motivation and behavioral skills). Los autores postulan que para que las intervenciones psicológicas produzcan cambios en las conductas de infección del VIH se requieren tres elementos clave:

  1. Información: que ha de hacer referencia a las vías de transmisión y a las conductas preventivas específicas.
  2. Motivación: que estaría regulada por las variables incluidas en la Teoría de la Acción Razonada (actitudes y norma social) y las variables no redundantes del Modelo de Creencias de Salud (percepción subjetiva de riesgo y gravedad percibida)
  3. Habilidades conductuales. Proponiendo para la prevención del SIDA, la siguiente taxonomía: aceptación de la propia sexualidad, adquisición de la información conductual relevante, asertividad ante las situaciones de sexo no seguro, habilidades de negociación de sexo seguro, de adquisición y utilización del preservativo, de reforzamiento de la pareja cuando esta práctica sexo seguro.

En este modelo, la Autoeficacia se considera una habilidad más a aprender. No obstante, algunos autores (Villamaría y Juárez, 2002), la consideran como una variable motivacional necesaria para poner en práctica las distintas habilidades anteriormente citadas.

ONUSIDA (2004). Informe sobre la epidemia mundial de VIH/SIDA. Julio 2004. 4º Informe Mundial. http://www.onusida.org.co/

Nájera, R. (1997). Sida. Respuestas y orientaciones . Madrid: Aguilar.

Espada, J. P. (2000). Programas de reducción de riesgos: situación actual, Publicación Oficial de la Sociedad Española Interdisciplinaria del SIDA, 11 , 4, 278-280.

Lacoste, J. A. (1995). Reducción de daños y riesgos: una respuesta de salud pública a la infección por VIH entre usuarios de drogas, Adicciones, 7, 3, 299-318

Espada, J. P. y Quiles, M. J. (2001). Prevenir el sida. Madrid: Pirámide.

Gómez, L. (1994). Plan Educativo de Prevención del Sida. Valencia: Generalitat Valenciana.

Bandura, A. (1994). Social cognitive theory and exercise of control over HIV infection, en R. J. DiClemente y J. L. Peterson (eds.), Preventing AIDS: Theories and Methods of Behavioral Intervention . Nueva York: Plenum Press.

Ajzen, I. y Fishbein, M. (1980). Attitudes, personality and Behavior. Chicago: Open University Press.

Grimley, D. M., Prochaska, G. E. y Prochaska, J. O. (1997). Condom use adoption and continuation: A transtheoretical approach, Health Education Research, 12 , 1, 61-75.

Green, J. y A. McCreaner, A. (eds.) (1996). Counselling in HIV infection and AIDS . Londres: Blackwell Science.

Villamarín, F. y Juarez, O. (2002). Predictores psicológicos del comportamiento sexual seguro en la prevención de la infección por el VIH. Revista de Psicología de la salud, 14 (2), 81-101

Autor

José Pedro Espada, José Antonio García del Castillo, Daniel Lloret, Mónica Gázquez Pertusa
Instituto de Investigación de Drogodependencias
Universidad Miguel Hernández de Elche. Alicante (España)
Xavier Méndez Carrillo
Universidad de Murcia (España)

Oblitas Guadalupe, L. A. (2013). Atlas de Psicología de la Salud Volumen II. Prevención y promoción de la salud.  Bogotá: Biblomedia Editores.    

     
 

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