Psicología y SIDA. Trastornos e intervención

El VIH/SIDA es una enfermedad que ha afectado a millones de personas en todo el mundo. Ha sido objeto de estudio de diversas disciplinas, incluyendo la psicología.

La psicología ha desempeñado un papel fundamental en la comprensión y el abordaje de los aspectos psicológicos y sociales del VIH/SIDA; tanto en términos de prevención como en el tratamiento y la atención de las personas afectadas. En este sentido, la psicología ha aportado conocimientos importantes sobre la influencia de factores psicológicos y sociales en la transmisión y el impacto del VIH/SIDA. De igual manera, ayuda en la adaptación de las personas afectadas y sus cuidadores a la enfermedad.

El SIDA o Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida es actualmente una de las enfermedades más graves y extendidas en el mundo. El primer caso documentado de sida se diagnosticó en 1979 en la ciudad de Nueva York.

La enfermedad del SIDA ataca principalmente al sistema inmunitario del individuo. Debilitándolo de tal forma que las defensas de este se ven disminuidas por debajo de los niveles normales u óptimos.

La consecuencia inmediata de este debilitamiento del sistema inmunológico es la carencia de defensas. En consecuencia, no permite al organismo hacer frente a organismos patógenos que provoquen enfermedades.

Síndrome adquirido

La etiqueta de “síndrome adquirido” se debe a que no es una patología heredada. Si no que es una enfermedad contraída por el paciente en un momento concreto de su vida.

Dicha enfermedad es producida por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), su estructura es más sencilla que la de las células humanas. Existen dos tipos de VIH: VIH-1 y VIH-2. Ambos tipos se diferencian en su composición genética. El VIH-1 es el más extendido en Europa y el primer tipo que fue descubierto. El VIH-2 es más común en África y se considera menos virulento. El más usual en humanos y considerado responsable principal de la epidemia del SIDA es el VIH-1, que además está compuesto por ARN (ácido ribonucleico).

Al igual que otros virus, el VIH necesita parasitar otras células para poder reproducirse. El virus del sida afecta a las células CD4. Son un tipo especial de linfocitos, encargadas de fabricar anticuerpos específicos para combatir los agentes patógenos que diariamente acceden al organismo.

Paulatinamente, las células CD4 invadidas van deteriorándose o muriendo, de forma que el sistema inmunitario se debilita. Así, el individuo queda indefenso ante los agentes patógenos. El VIH, pues, no origina directamente ninguna enfermedad. Si no que deja al organismo vulnerable ante patologías que, en condiciones normales, no afectarían gravemente la salud de un individuo. Son las llamadas enfermedades oportunistas.

En la actualidad la principal arma para combatir el SIDA y su contagio no es otra que la prevención.

Intervención psicológica en VIH – Psicología y SIDA

Existen numerosas razones por las que la intervención psicológica (Psicología y SIDA) en pacientes seropositivos o enfermos de SIDA es totalmente necesaria y queda plenamente justificada.

La enfermedad del SIDA es hasta hoy una enfermedad incurable. Pese a que los tratamientos avanzan cada vez más y la calidad de vida de los pacientes es mejor que años atrás, el diagnóstico de VIH no deja de implicar una enfermedad de considerable gravedad. Razón por la que dicha enfermedad requerirá una adaptación por parte del paciente.

Por otra parte, la enfermedad del SIDA conlleva una serie de consecuencias de tipo social. Como son el miedo al rechazo o la forma de afrontar la comunicación de este tema con la familia y conocidos.

Además, se debe tener en cuenta que el hecho de que estos pacientes mantengan un buen ajuste psicológico, puede potenciar un buen estado de salud física. De modo que una adecuada intervención psicológica que potencie un buen ajuste será necesaria. Puesto que el estrés prolongado y el estado de ánimo deprimido no favorecen en nada al mantenimiento de la salud. Menos aún a la recuperación de la persona enferma.

Aspectos emocionales de la infección por el VIH

La infección por el VIH supone un enorme impacto a nivel psicológico. Afectando no solo al enfermo, sino también a su familia y círculo social.

Los últimos avances médicos han permitido la posibilidad de conseguir una supervivencia más larga, convirtiendo la enfermedad del SIDA en una enfermedad crónica.

El SIDA es una enfermedad que conlleva grandes implicaciones para el paciente y su familia en todos los niveles.

Existe un elemento peculiar y destacable de esta enfermedad, ya que pone de manifiesto la pertenencia del individuo a un grupo de riesgo concreto. Hace que aparezca una identidad oculta del enfermo que hasta el momento del diagnóstico puede que no fuese conocida por nadie más.

En cambio, una vez detectados los anticuerpos del VIH y diagnosticada la enfermedad, la familia, amigos y conocidos pasan ahora a conocer a la persona como integrante de un grupo de riesgo. Esta nueva identidad desconocida, en algunos casos, les pone en evidencia y conlleva a la incomprensión y discriminación social. El hecho de que esa nueva identidad salga a la luz y pueda afectar a la familia y conocidos, es difícil de afrontar para la persona contagiada por VIH. Sin duda alguna hace preciso que se lleve a cabo una intervención psicológica que le ayude a afrontar esta nueva etapa de cambio y adaptación.

Psicología, SIDA y estrés

El SIDA es una de las enfermedades donde, a diferencia de otras como el cáncer, los profesionales médicos siempre comunican el diagnóstico directamente al paciente. Sobre él recae posteriormente la decisión de comunicarlo o no a su familia y demás entorno. Sin duda, se plantea aquí una nueva situación estresante en la que muchos pacientes se plantean si comunicarlo. O, por el contrario, llevar la enfermedad en secreto para no hacer sufrir a sus familiares.

Todo este juego de decisiones y ocultamientos de la enfermedad conllevan un gran sufrimiento para el paciente y su entorno. No solo por las consecuencias y pronóstico de la enfermedad, sino por los prejuicios sociales y aspectos censurables que la sociedad elabora como causas que conducen a dicha enfermedad. Es sin duda una difícil situación en la que se ha de soportar la enfermedad y el juicio social, es decir, la mirada de los demás (Gatell y col., 2002).

No cabe duda de que todos estos aspectos incrementan en el paciente un bajo estado de ánimo. Caracterizado por la depresión, la ansiedad, sentimientos de culpa y baja autoestima. Estas circunstancias pueden llevar a una situación de soledad ante la enfermedad e incluso de marginación, tanto para el enfermo como para su familia.

Se debe tener en cuenta, en todo momento, que gozar de una buena salud no solo depende de lograr y mantener un bienestar físico. Se requiere también una adecuada adaptación psicológica y social con el entorno.

Existe una clara relación unidireccional del estado psíquico sobre el estado físico, siendo lógico que el estado del sistema inmunológico esté sujeto a los cambios producidos a nivel anímico.

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Psicología, SIDA y depresión

Una persona psicológicamente deprimida presenta una mayor probabilidad de que su sistema inmunológico esté deprimido. Por el contrario, la ilusión, el optimismo, la alta autoestima y el hecho de aceptar adecuadamente las circunstancias que afectan a la salud, pueden potenciar un incremento en la fortaleza física del paciente, de ahí la importancia del papel que desempeña el estado emocional en la salud del enfermo.

Como ya se ha expuesto anteriormente, existe un proceso biológico en la infección por el VIH desarrollado en fases distintas. De igual modo, la persona afectada experimenta también una evolución a nivel psicológico en su forma de vivir su seropositividad.

La mayoría de las personas que acuden a hacerse las pruebas de detección de anticuerpos, tras haber llevado a cabo una práctica de riesgo, deben soportar la incertidumbre y el miedo mientras esperan los resultados de dicha prueba.

Si esos resultados resultan positivos, el impacto emocional que tiene el diagnóstico sobre la persona afectada suele ser muy alto, hasta que más tarde se va produciendo un ajuste gradual a la nueva situación. Dicha adaptación puede durar entre tres y seis meses (Green y McCreaner, 1996).

Una vez alcanzado el ajuste a estas nuevas circunstancias, la persona suele proseguir con sus actividades de forma adaptada durante la fase asintomática. Puede surgir una nueva fase de crisis cuando comienza a experimentar síntomas de la enfermedad o se produce una bajada de las CD4, y al serle diagnosticado el SIDA. Tras una nueva aceptación de la situación y adaptación a ella, se produce un nuevo momento de crisis con la aparición de enfermedades oportunistas e incapacitantes que conllevan mayor número de molestias, ingresos hospitalarios, reacciones negativas del paciente, etc.

Tabla 1
Estado y ajuste psicológico según etapas de infección por VIH

Psicología y SIDA e impacto

La enfermedad del SIDA, como tantas otras, conlleva un enorme impacto psicológico para la persona afectada, y particularmente implica una serie de estresores concretos de dicha enfermedad según la fase de infección en que se encuentre. No obstante, la sensación de incertidumbre es sin duda el estresor protagonista de esta enfermedad en cada una de sus etapas.

Tabla 2
Principales estresores según evolución de la infección por VIH y enfermedad del SIDA

Basándose en los estresores mencionados, es normal encontrar que los problemas psicológicos más comunes entre la población afectada sean los trastornos de ansiedad y del estado de ánimo.

Los estímulos estresantes que con mayor facilidad pueden provocar la aparición de respuestas de ansiedad, en el caso de las personas seropositivas, son los relacionados con el proceso de la enfermedad: noticias en prensa y televisión, enfermedad o muerte de algún amigo a causa del SIDA, o el simple hecho de no encontrarse bien.

Trastornos psicológicos asociados al SIDA

Las personas infectadas por el VIH pueden tener circunstancias que favorezcan la aparición de síntomas depresivos: desinterés por el sexo, irritabilidad, sentimientos de culpa, baja autoestima, bajas expectativas de futuro, etc.

De esta forma cabe destacar como trastornos psicológicos más frecuentes los que a continuación se describen:

Trastorno adaptativo con ansiedad

Se debe principalmente a la falta de adaptación a la nueva situación (cambio de forma de vida, reacciones del entorno, discriminación y curso de la enfermedad). La sintomatología destacada se basa en temor, preocupación, inquietud, ansiedad e insomnio.

El tratamiento consiste en psicoterapia de apoyo, abordaje de la problemática social, asistencia cuidadosa por parte del personal sanitario y en ocasiones, tratamiento farmacológico a base de benzodiacepinas.

Trastorno adaptativo con ánimo depresivo

Igual que en el caso anterior, se debe a la falta de adaptación a la nueva situación. Presenta síntomas como tristeza, llanto, desánimo, malestar, sentimientos de culpa, insomnio o hipersomnia.

El tratamiento consistiría en las mismas pautas que en el caso anterior, y generalmente no sería necesario recurrir a antidepresivos.

Trastorno adaptativo con otros síntomas

Las causas serían las mismas que en los casos anteriores, referentes al cambio de vida producido por la nueva situación y la dificultad de adaptación a ella. Su sintomatología estará descrita por trastornos de conducta, con ansiedad y depresión, y alteración del comportamiento y las emociones.

El tratamiento consistiría en las mismas pautas que el anteriormente descrito.

Psicología, SIDA, y depresión mayor

Se debe generalmente a causas independientes al diagnóstico del SIDA, como los cambios evolutivos o estresores ambientales. La sintomatología presente suele ser tristeza, anhedonia, llanto, pesimismo, enlentecimiento psicomotor, concentración difícil, insomnio o hipersomnia, sentimientos de inutilidad, culpa, desesperanza, ideas suicidas y ansiedad.

El tratamiento suele centrarse en la valoración de un posible ingreso hospitalario, el apoyo psicológico y sociofamiliar. Además de la mejora del estado físico y del nivel inmunitario. Si no se presenta mejora con el tiempo se recurre a la administración de antidepresivos o metilfenidato.

Además de estos trastornos psicológicos más frecuentes, se debe tener en cuenta otros efectos directos que el VIH tiene sobre el sistema nervioso central, causando trastornos a nivel neurológico:

Delirium

Daño cerebral de causa orgánica (infecciones, neoplasias, seroconversión VIH, alteraciones generales, fármacos, etc.). Su sintomatología se caracteriza por una alteración del nivel de conciencia, desorientación temporoespacial, y confusión. También están presentes las alucinaciones visuales, delirios paranoides, síntomas depresivos o agitación. Su inicio es agudo o subagudo, curso fluctuante con empeoramiento vespertino y nocturno, puede ser reversible o evolucionar hacia el deterioro progresivo y muerte.

El tratamiento implica la hospitalización, y en casos de pacientes agitados será necesario el tratamiento farmacológico a base de neurolépticos como el haloperidol o la risperidona.

Demencia-SIDA

Se trata de una patología debida a la infección por VIH, presente hasta en un 40 % de personas que han desarrollado la enfermedad (Arranz, 1994; García-Huete, 1993).

Su sintomatología se caracteriza principalmente por el deterioro cognoscitivo, la disfunción motora y los cambios conductuales. Inicialmente, existe dificultad de concentración y olvidos. Más adelante, pérdida de memoria y alteraciones del lenguaje. Al final, aparece el enlentecimiento psicomotor, apatía, aislamiento social y familiar, hiperreflexia, deterioro cognoscitivo global, afasia, síndrome lóbulo frontal, mutismo, ataxia, parkinsonismo, mioclonía, incontinencia y crisis comiciales. Posee un curso fluctuante y progresivo.

El tratamiento es a base de antirretrovirales y en ocasiones administrando metilfenidato (estimulante del sistema nervioso central). Se combina con los cuidados de enfermería, la rehabilitación cognoscitiva y conductual, y el abordaje psicosocial.

Intervención psicológica en paciente VIH

Tal y como se ha ido comentando a lo largo de este capítulo, el SIDA plantea cuestiones que afectan al individuo que lo padece, a su familia, al personal sanitario que lo trata, y a la sociedad en general.

Para llevar a cabo una adecuada intervención psicológica en pacientes con VIH, tanto si se aplica a nivel individual como grupal, se deben establecer cuáles son los objetivos principales de dicha intervención:

Psicología y SIDA, ayuda al paciente

Para lograr adaptarse al cambio de vida debido a su diagnóstico por VIH: este objetivo implica ofrecer atención psicológica, especialmente en la primera etapa de la enfermedad, concretamente en el momento en que la persona recibe su diagnóstico tras las pruebas de detección de anticuerpos.

Atender dudas del paciente

Relacionadas con el proceso de infección por VIH: pueden surgir dudas acerca de cuánto va a durar el tratamiento, cómo va a ser este, probabilidad de contagiar a sus familiares o personas con quienes conviven, etc. Se trata de atender a sus demandas de información.

Atender las dudas y preocupaciones de los familiares y allegados: ofrecer a la familia, pareja y personas allegadas la posibilidad de ser atendidos por el psicólogo para resolver posibles situaciones de angustia o dudas acerca del proceso de infección o cuidado de la persona seropositiva.

Promover estilos activos de afrontamiento hacia la enfermedad. Psicología y SIDA.

Potenciando la adherencia al tratamiento: se trata de fomentar en el paciente la percepción de competencia para llevar a cabo los cambios y mejoras que beneficien su bienestar.

Establecer hábitos de vida saludables

Se trata de asesorarle y motivarle para que adquiera hábitos beneficiosos como una alimentación equilibrada, ejercicio físico, no consumo de sustancias perjudiciales como el alcohol, tabaco, etc.

Promover cambios en las conductas de riesgo

Si estas se produjeran: explorar y comentar con el paciente su actividad sexual y las posibles prácticas de riesgo que pueda estar llevando a cabo. De manera que puedan al mismo tiempo plantearse conductas alternativas sin riesgo de reinfestarse con el VIH.

Facilitar el acceso a recursos de apoyo social

Grupos de autoayuda: guiar al paciente para que haga un adecuado uso de los recursos comunitarios que puedan aportarle apoyo y bienestar.

Proporcionar compañía en el cierre del ciclo vital

Para los enfermos terminales: se trata de mejorar los momentos finales de su vida dispensándoles el apoyo necesario.

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Autor

Jose Pedro Espada Sánchez, Fina Antonia Antón Ruiz

Universidad Miguel Hernández de Elche, España

Citar este artículo:

Espada, J., Antón, F. (21 febrero, 2023). Psicología y SIDA. Trastornos e intervención. Instituto Salamanca. https://institutosalamanca.com/blog/psicologia-y-sida-trastornos-e-intervencion

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