Acerca de la Psicooncología Pediátrica

Con los avances médicos en el control de infecciones y virus, las causas de muerte en el siglo XX pasaron de enfermedades agudas (gripe, neumonía, tuberculosis, etc.) a enfermedades crónicas (enfermedades coronarias y cerebro-vasculares, cáncer, entre otras). Tan profundos cambios han traído este acontecimiento, que se ha reconceptualizado el modelo médico de entender y tratar la enfermedad: se ha pasado del modelo biomédico al modelo biopsicosocial. Actualmente se piensa que los cambios en el proceso salud-enfermedad son el resultado de la interacción de factores biológicos, psicológicos y sociales (Espasa y cols., 2003).

Desde esta perspectiva teórica surge la Psicología de la Salud como el campo de especialización de la psicología que se ocupa de la promoción y mantenimiento de la salud, la prevención, el tratamiento y la rehabilitación de la enfermedad, y la identificación de correlatos etiológicos relacionados con la salud y la enfermedad, tanto de los individuos como de los grupos humanos (Espasa, y cols., 2003; COPS, s.f.; Matarazzo, 1980, citado por Phares y Trull, 1999).

La psicooncología, también llamada oncología psicosocial o comportamental, es una rama de la psicología de la salud interesada en dos ejes temáticos. Por un lado, los factores psicológicos, sociales y comportamentales que influencian la morbilidad y mortalidad en el cáncer, y por otra parte las respuestas psicológicas de los pacientes y sus familias en todos los estados de la enfermedad (Dolbeaurt, Szporn y Holland, 1999; Holland, 1998).

La historia de la psicooncología es relativamente reciente y ha estado vinculada a los progresos de la oncología como especialidad médica. La mayoría de los pacientes con cáncer, hasta mediados del siglo XX, morían debido a la ausencia de tratamientos curativos efectivos, por lo que la intervención psicosocial cumplía el objetivo de preparar al individuo para la muerte (Kazak, 2001; Dolbeaurt, Szporn y Holland, 1999). Sin embargo, en las décadas finales del siglo pasado, el progreso del tratamiento del cáncer fue impresionante. Para la década de los 90 se reportaba el 70% de probabilidad de curación, provocando incluso la consideración del cáncer como una enfermedad crónica. Los vertiginosos hallazgos en el campo de la psicooncología han hecho que se juzgue éticamente indispensable la consideración e inclusión de elementos psicosociales en la planeación de cuidados integrales en oncología (Kazak, 2001, Fajardo y cols., 1999; Middleton, 2002).

Psicooncología Pediátrica

El aumento en las tasas de sobrevivencia del cáncer infantil, la ubicación de las neoplasias pediátricas como la principal causa de muerte relacionada con enfermedad en niños y adolescentes y el conocimiento acerca de los efectos de los tratamientos médicos han hecho que la psicología se interese por los niños con cáncer y su familia; ya no sólo para afrontar la muerte del niño sino para entender e intervenir en la adaptación al cáncer infantil y sus múltiples repercusiones sobre el paciente joven y su familia (Kazak, 2001; Zeltser, 1994). De este modo, se consolida la llamada psicooncología pediátrica, nutriéndose de elementos proporcionados principalmente por la Psicología de la Salud, la Psicología Clínica y la Psicología del Desarrollo.

Hasta el momento se ha desarrollado un cuerpo de investigación, relativamente sólido, que describe los temas psicosociales pertinentes para la situación del niño con cáncer, e incluye, por ejemplo, investigación sobre dolor y ansiedad asociados con procedimientos invasivos durante el tratamiento del cáncer, efectos neurocognitivos subsecuentes a tumores y tratamientos del sistema nervioso central, y consecuencias psicosociales individuales y familiares del cáncer infantil (Kazak, 2001; Kupst y Patenaude, 2002; Zeltser, 1994).

En las últimas tres décadas, la investigación en psicooncología pediátrica, ha favorecido el entendimiento de la forma en que niños y adolescentes reaccionan, se comportan y ajustan a su enfermedad, tratamiento y sobrevivencia (Kupst y Patenaude, 2002), con importantes repercusiones en el diseño y aplicación de intervenciones psicosociales que fortalecen la adherencia al tratamiento médico y el éxito del mismo, y disminuyen el sufrimiento de los niños y sus familias.

Psicooncología Pediátrica en Colombia

En Colombia, la historia de la cancerología ha marcado hitos a nivel latinoamericano. El cáncer impulsó la ciencia médica colombiana y resaltó el espíritu emprendedor de nuestras gentes; el antiguo Instituto de Radium (posteriormente Instituto Nacional de Cancerología) conserva el orgullo de ser el segundo mejor dotado del mundo, después del Instituto de París, en la década de los 30 (Otero, 1999). Paralelamente se fueron desarrollando centros de oncología en instituciones como el Hospital de La Misericordia, fundado en 1897, y con una Unidad de Oncohematología Pediátrica desde 1976 (Sánchez, 1999; Restrepo, comunicación personal, agosto 4 de 2004), la Liga Colombiana de Lucha contra el Cáncer creada en 1960, la Clínica Marly, entre otros (Muñoz, 1995).

La Psicooncología en el país se ha abierto paso paralelamente a la oncología. En la actualidad muchos centros oncológicos cuentan con algún tipo de soporte psicológico o psiquiátrico, sin embargo, no ha sido un camino fácil, pues la Psicooncología ha tenido que sortear las limitaciones que el mismo marco legal le impone y las demandas de un medio donde lo biológico tiene desmedida supremacía. La investigación aún es incipiente y desarticulada, especialmente en lo que concierne a la Psicooncología Pediátrica; su historia y sus hallazgos siguen siendo subestimados y desconocidos.

Desde la Universidad Nacional de Colombia se ha promovido el desarrollo de la Psicooncología Pediátrica y ya se cuenta con un cuerpo teórico que permite vislumbrar sus particularidades en nuestro medio. En Bogotá se han adelantado investigaciones con población pediátrica en temáticas como calidad de vida (Vidal y Villarraga, 2002), cuidados paliativos (Mora, 2002; Rodríguez y Ruiz, 2003), afrontamiento (Bustos y Pedraza, 2003) y efectos neuropsicológicos del tratamiento antineoplásico (Arias, Berrío y Guzmán, 2004). Estas investigaciones reconocen el valor de variables psicosociales asociadas al cáncer infantil y sugieren alternativas investigativas para fortalecer el campo de la Psicooncología Pediátrica en Colombia.

Ahora se siguen adelantando esfuerzos importantes para mejorar la intervención psicosocial en los pacientes con cáncer y sus familias y se han ido consolidando grupos profesionales e investigativos en instituciones como la Fundación Santa Fé de Bogotá, la Clínica Marly, el Instituto Nacional de Cancerología, y fundaciones como SANAR, la Asociación de Enfermos de Cáncer, Dharma, entre otros.

Factores ambientales y comportamentales implicados en el desarrollo del cáncer

Un carcinógeno o cancerígeno puede ser definido como cualquier agente químico, biológico o físico que potencialmente puede inducir cáncer. Una sustancia se considera como carcinógena cuando al afectar a una población cuyos organismos no han sido expuestos a ella con anterioridad, hay un aumento estadísticamente significativo de alguna forma de neoplasia. La identificación de agentes carcinógenos permitirá el desarrollo de estrategias preventivas para interrumpir, bloquear o dar reversa a procesos neoplásicos (Strickland y Kensler, 2000).

Los carcinógenos están sujetos a la influencia de muchos factores modificantes. Aquellos factores pueden ser constitutivos incluyendo edad, género, estado inmunológico y constitución genética. Los factores extraconstitucionales también son importantes y participan elementos como la dieta y hábitos de vida como fumar y consumir alcohol (Strickland y Kensler, 2000).

Aunque la causa del cáncer en niños y adultos es aún desconocida (Steinhertz y Simone, 1998), en muchos tipos de cáncer de adultos hay claridad entre las asociaciones ambientales y comportamentales con el desarrollo de las neoplasias, por ejemplo, entre el comportamiento de fumar y el desarrollo de cáncer de pulmón. En oncología pediátrica es poca la evidencia de causas ambientales y conductuales, sin embargo, se considera la existencia de algunos factores de riesgo asociados a la incidencia y mortalidad en el cáncer infantil, algunos de ellos son:

1. La predisposición familiar o genética ha sido de especial interés y se ha comprobado la existencia de factores hereditarios que juegan un rol importante en una pequeña proporción de muchos cánceres (Health Care Provider, 1998). Ciertos cánceres son asociados con elementos congénitos, inestabilidades cromosómicas e inmunodeficiencia adquirida (Granowetter, 1994). Algunos niños con anormalidades cromosómicas tienen mayor riesgo de desarrollar leucemia como en el caso del Síndrome de Down, Síndrome de Bloom, Anemia de Fanconi, Síndrome de Klinefelter y Ataxia Telagiectasia (NCI, 2005a; Zipt y cols., 2000).

Del mismo modo, numerosos estudios han demostrado un incremento en incidencia del cáncer en familiares de primer orden de pacientes con cáncer, sin embargo, la magnitud de los riesgos es muy pequeña (Granowetter, 1994); los hermanos de niños con cáncer, especialmente los gemelos, están en mayor riesgo de desarrollar leucemia (Zipt y cols., 2000).

2. La investigación también ha señalado la relevancia de la exposición ocupacional de los padres como factor de riesgo para el cáncer infantil. Algunos estudios muestran que ser empleado de ciertas industrias puede asociarse con incremento en el riesgo del cáncer de los hijos de los empleados. Aquellas industrias incluyen empresas petroleras y petroquímicas, pesticidas, pinturas, empresas aeroespaciales, empresas de artes gráficas, agricultura y electrónica (Fajardo y cols., 1999; Health Care Provider, 1998).

3. Las exposiciones intrauterinas o en la niñez a componentes físicos y químicos también han sido relacionadas con el desarrollo del cáncer infantil; se incluyen diferentes componentes como el N-nitroso, que se encuentran en el cigarrillo, algunos medicamentos y cosméticos, carnes preparadas, químicos que se ha comprobado inducen cáncer cerebral en animales bajo condiciones experimentales. La ingestión materna de aquellos componentes durante el embarazo puede incrementar el riesgo de cáncer cerebral en la niñez y leucemia. Cuando los padres fuman, especialmente durante el embarazo, también se incrementa el riesgo de cáncer infantil. Además, la exposición de las madres a agentes infecciosos y signos de serias infecciones por agentes no identificados durante el embarazo y durante un tiempo después del nacimiento del niño (Health Care Provider, 1998). También se ha asociado la vejez de la madre al momento del nacimiento del niño y la exposición a rayos X durante el embarazo como factores de riesgo para cáncer infantil (Granowetter, 1994).

4. La exposición a radiación y campos electromagnéticos se reporta en estudios que indican un incremento en el riesgo del cáncer infantil con la exposición prenatal a radiación ionizante, a proximidad a instalaciones del poder nuclear y campos electromagnéticos (Granowetter, 1994). Dentro de las causas físicas se acepta que los niños japoneses sobrevivientes de las bombas atómicas incrementaron el riesgo de leucemia (Steinhertz y Simone, 1998; Pinkel, 1999; Zipt y cols., 2000). También los niños que han recibido radioterapia por leucemia, linfoma y otras enfermedades tienen un incremento en el riesgo de cáncer subsecuente (Steinhertz, y Simone, 1998).

5. Algunos cánceres son claramente ligados a la exposición a agentes tóxicos, por ejemplo, la leucemia mieloide puede ocurrir después de exposición al benceno (Fajardo y cols., 1999; Granowetter, 1994). La exposición a pesticidas y beber agua contaminada igualmente se convierte en factor de riesgo (Health Care Provider, 1998). Desde la utilización de la quimioterapia anti cancerígena en 1950 aparecieron leucemias secundarias en niños y adultos, producto de drogas como en el etopósido.

6. Por último, es bien conocido que ciertos tipos de cáncer pueden ser causados por exposición a virus y agentes infecciosos (Health Care Provider, 1998). Se ha hipotetizado que la leucemia infantil es consecuencia de una rara reacción a un virus (Granowetter, 1994). Algunos virus causan cáncer en animales lo cual permite pensar que puede causarlo en humanos. La leucemia de células B, el linfoma Burkitt, el linfoma de Hodgkin, el hepatoma y el carcinoma nasofaríngeo han sido asociados con la presencia de virus Epstein-Barr (NCI, 2005b; Steinhertz y Simone, 1998; Zipt y cols., 2000).

Por otra parte, durante las últimas tres décadas se ha dado gran importancia a la descripción de características como edad, género, etnicidad, nutrición y estado socioeconómico relacionadas con algún tipo de neoplasia infantil y las consecuencias de su tratamiento. La desnutrición, la pobreza, y pertenecer a grupos étnicos minoritarios han sido elementos asociados con bajas tasas de curación (Pinkel, 1999).

En este orden de ideas y habiendo analizado factores biocomportamentales claramente ligados a la incidencia y la mortalidad en el cáncer infantil, profundicemos ahora en factores de tipo psicosocial que se consideran moderadores en la iniciación, el curso y el pronóstico del cáncer en la niñez.

Factores psicosociales moderadores en el curso y el pronóstico del cáncer infantil

La investigación acerca de la etiología del cáncer ha trascurrido durante muchos siglos y ha estado ligada a las distintas creencias y concepciones acerca del proceso de enfermar y morir. Al respecto, Block (1999) y McKenna y cols. (1999) coinciden al asegurar que actualmente, y bajo la confluencia de distintos modelos conceptuales desde la oncología y la psicooncología, puede afirmarse que cada carácter genético del cáncer resulta de la interacción de factores mediadores que incluyen edad, hormonas, nutrición, drogas, localización, ocupación, ambiente químico, eventos psicosociales, estilos de afrontamiento o de personalidad, estados emocionales y eventos de vida. La interacción de todos estos factores sobre el tiempo determina la causa y el curso de la enfermedad maligna.

Existen numerosos modelos que intentan explicar cómo se da la interacción entre los factores asociados con el cáncer, destacando la importancia de las variables psicológicas en la aparición y el desarrollo del cáncer, evidenciada en la variabilidad de respuesta que presentan las personas expuestas a carcinógenos similares (Tamblay y Bañados, 2004).

Esta idea es tan antigua como la historia de la medicina, por ejemplo, Galeno en su tratado “De Tumoribus” (150 años a.C.) señaló que las mujeres melancólicas eran más susceptibles al cáncer; la medicina rusa de los siglos XVII y XVIII consideró la pena prolongada como una causa remota del cáncer; Snow en 1893 concluyó que la pérdida de un pariente cercano es un factor importante en el desarrollo del cáncer de mama y útero. Y ya en el siglo XX, a pesar de atender preferentemente a los factores externos y genéticos, los estudios en psicooncología se han multiplicado (Amaya y Gordillo, 2004; Tamblay y Bañados, 2004).

Hoy, dentro de la comunidad científica, se acepta que los factores psicológicos, cognitivos, emocionales y motivacionales, producto de la historia individual de cada persona en un contexto cultural, socioeconómico y político influyen siempre, en alguna medida, de forma directa o indirecta, tanto en el proceso humano del enfermar como en la prevención de los trastornos y enfermedades y en el mantenimiento de un nivel óptimo de salud. A su vez, las alteraciones en el proceso salud-enfermedad, poseen repercusiones grandes o pequeñas, favorables o desfavorables en el ámbito psicológico (Bayés, 1985). En el caso del cáncer estos argumentos son bien notorios, pues, como ya se mencionó, durante siglos se ha considerado la posibilidad que factores emocionales estén implicados en su etiología, además, y producto del incremento en la sobrevida de los pacientes, hay un creciente interés en los aspectos emocionales de las personas diagnosticadas con este tipo de neoplasias.

Para entender el cáncer pediátrico también se han desarrollado modelos explicativos, dentro de los cuales uno que ha alcanzado valioso reconocimiento es el de la ecología social, propuesto inicialmente por Bronfrenbrenner (1979, citado por Kazak, 2001), que ubica al niño enfermo en el centro una serie de círculos concéntricos (Ver figura 1). El círculo del niño está anidado dentro de un círculo mayor que confina miembros del sistema familiar (mamá, papá, hermanos y familia extensa) y la enfermedad (tipo, curso, pronóstico, etc.). La importancia de la familia en el proceso salud-enfermedad del niño es ampliamente reconocida, tal vez esta sea la razón para que una gran cantidad de estudios e intervenciones para niños con cáncer se hayan centrado en distintos tipos de terapia familiar, aunque también son frecuentes las investigaciones que consideran a los niños enfermos en soledad o aislamiento. No obstante, es relevante notar que, con el diagnóstico del niño con cáncer, otros círculos el sistema dentro de la ecología social son agregados, activados o cambiados. La familia sigue siendo el sistema primario, sin embargo, los profesionales de la salud, la escuela, los grupos de pares y sistemas de vecinos juegan un rol significativo en el curso del cáncer en un niño. El modelo social ecológico reconoce la importancia del cambio en múltiples niveles del sistema, incluyendo las políticas que rigen la exposición a cancerígenos y la accesibilidad de los tratamientos antineoplásicos (Kazak, 2001; Torrico, Santín, Villas, Menéndez y López, 2002).


Figura 1
Categorías de personas afectadas por el cáncer en el niño. Adaptado de Soler (1996).

 

Creencias respecto al cáncer

Las creencias han sido identificadas como un constructo importante para entender las dimensiones psicosociales de la enfermedad. Creencias acerca de la adversidad y el optimismo han sido asociadas con salud física en estudios de individuos y familias (Kazak y cols., 2001). Las creencias de optimismo, orientación en la vida, espiritualidad y habilidad social relacionadas con el cáncer son un aspecto que notablemente influye sobre el ajuste a la enfermedad (Epstein y cols., 2004; Kazak y cols., 2001).

Las creencias intervienen en la forma de adaptarse a las actividades cotidianas durante y después del tratamiento. Epstein y cols. (2004) señalan que los niños y adolescentes tienen la expectativa de regresar a su vida previa tan pronto termina el tratamiento, sin embargo, la asignación de significado a la experiencia de afrontar el cáncer se relaciona con un cambio en la identidad; en general, los sobrevivientes creen que el cáncer los ha hecho mejores personas. Los niños ven en el fin del tratamiento la oportunidad de probarse ellos mismos física y mentalmente, además, con frecuencia reportan un deseo de extender la ayuda a otros y compartir el nuevo significado que le dan a la vida.

Las creencias también se asocian con “remisión espontánea”, es decir, con la curación que contradice el pronóstico de muerte. Bücher (s. f.) sugiere que cambios en las creencias respecto a la fijación de objetivos y la forma de ver la vida, cambios en la emotividad y la creación o fortalecimiento de relaciones interpersonales en la pareja, la familia y el trabajo, favorecen la posibilidad de curación de la enfermedad.

En este apartado cabe mencionar la influencia de las creencias religiosas en el curso del cáncer, pues modifican los estilos de afrontamiento y las prácticas ejecutadas para combatir la enfermedad. Además, el rol que juegan las expectativas frente a la curación, mediadas por experiencias previas de cáncer u otras enfermedades graves del niño o dentro de la familia.

 

Referencias

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Autor:

Andrea Liliana Guana Vásquez
Universidad Nacional de Colombia

Oblitas, L. A. & Palacios, X. (2014). Psicooncología Volumen 1. Bogotá: Biblomedia Editores

http://biblomedia.com/producto/psicooncologia-1/

3 Comentarios

  • Sonia Janeth Gordon

    Excelente artículo

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  • ADRIANA MARIA ARANGO MORALES

    Excelente, el texto tiene información que se sustenta con las citas adicional a eso es conveniente aprovechar la bibliográfia para complementar el conocimiento sobe este tema y otros que se conectan a la situación del padecimiento del cáncer.

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    • aditsjc

      Hola Adriana, gracias por sus comentarios.
      Nos esmeraremos por mejorar para entregarle material de calidad.

      Responder

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