Salud Mental ¿Qué Significa?

Desde una perspectiva histórica, el concepto de Salud Mental nos remite al dualismo clásico de Descartes: una diferenciación fundamental entre mente (lo mental) y cuerpo (lo corporal) como dos ámbitos ontológicos diferentes. A partir de este planteo irán apareciendo conceptualizaciones que intentarán establecer algún tipo de relación entre los dos conceptos, o aceptarlos como distintos aspectos del mismo fenómeno.

Hay una realidad desde el punto de vista epidemiológico: las personas se enferman y es posible estudiar factores relacionados con la producción de morbilidad y mortalidad, relacionados con el ambiente natural, social o con modos de vida diferentes culturalmente.

No es posible hablar de Salud absoluta; no existe psicológica, biológica o socialmente tal expresión, entraría en contradicción con la capacidad inherente a todo sistema de desequilibrarse y cambiar. Por lo tanto, debemos hablar del proceso salud-enfermedad que nos llevará a la idea de acción ante el conflicto, de transformación ante la realidad.

Un ser humano que nunca experimenta ningún problema emocional sería todo, menos humano. La manera de protegerse contra la tensión interior es lo que sirve para probar si se trata de una personalidad normal o de una enferma.

Todos tenemos conflictos emocionales dentro de nosotros; sobrellevamos un buen número desde los días de nuestra infancia, y otros derivan de experiencias posteriores. Algunos pueden ser graves, pero en el caso de una persona sana por esta causa no se convertirá en un caso psiquiátrico: sus mecanismos defensivos tienen la capacidad de protegerlo de las tensiones interiores.

La Salud Mental, subsistema del sistema global denominado Salud Pública, se nos presenta, así como una disciplina de intersección de las distintas ciencias del hombre, que se ha ido constituyendo como un espacio de reflexión gracias a la contribución de distintas esferas de la actividad científica: Psicología, Sociología, Antropología, Psicoanálisis, Neurología, Ecología.

La Salud Pública pasará a ser responsabilidad de los gobiernos a partir de la organización de los Estados modernos. En un principio, todo lo que perturbe el orden social será controlado de alguna manera. No interesará tanto el “individuo psicológicamente distinto”, pues a aquellos cuya conducta era desorganizada y ofensiva al orden social se les consideraba víctimas del castigo divino y/o poseídos por el demonio. Datos históricos nos revelan que las personas con trastornos psicológicos fueron torturadas, flageladas, asesinadas.

El uso del término Salud Mental deriva de una línea de pensamiento que comienza con el estudio del “hombre poseído”, “endemoniado” o “embrujado” en busca de su paraíso perdido: la Salud. Se va a estudiar la enfermedad, cómo se produce y se va a llamar Salud Mental a todo un accionar con relación a la modificación de lo asociado con lo patológico.

El concepto mismo de salud mental es un concepto discutible, es un concepto que está muy marcado por el relativismo cultural; lo que cada uno de nosotros entiende hoy por salud mental no es lo mismo que lo que piensan en otras culturas, ni es lo mismo que entendíamos años atrás. Es decir, el primer punto es que no hay una manera unívoca de expresar la condición de la salud mental, sino que el concepto en sí mismo está condicionado culturalmente tanto a lo largo del tiempo histórico como en cada situación cultural concreta. Probablemente en otras culturas o en otros momentos de la historia se pensaba este tema de la salud mental de manera muy distinta a como lo pensamos nosotros hoy.

En otro aspecto, es necesario puntualizar un par de momentos que son los más importantes. El primero de ellos transcurre entre mediados y finales del siglo pasado. La evolución de las ciencias hacia fines del siglo XIX adquiere una importancia significativa y en todos los campos del conocimiento se vive un proceso de clasificación, de ordenamiento. De golpe la mirada del científico es una mirada clasificadora y ordenadora de la que surgen los grandes ordenamientos; Linneo por ejemplo ordena el mundo de las plantas, surgen las grandes clasificaciones de las especies y géneros animales, etc. En el campo de la salud mental también empiezan a surgir una serie de clasificaciones, de cuadros nosográficos, que intentan describir en una especie de mirada panorámica, todos los casos que el descriptor entendía que formaban parte de la patología. Por supuesto que no hubo consenso en hacer una única clasificación sino que la mayoría de los autores importantes, construyó la suya, siendo tal vez la más importante la de Kraepelin.

A fines del siglo XIX, lo que predomina es fundamentalmente la mirada que ordena el mundo a partir de ciertas ideas que, específicamente en el tema de la salud mental, giraban en torno al hecho de que la patología mental era siempre la consecuencia de una lesión cerebral. El modelo a partir del cual se organiza esta mirada es el modelo que algunos autores llaman órgano-mecanicista. Se parte del hecho que, como venía constatándolo la medicina general en otros terrenos, siempre había una base lesional y que la enfermedad mental era la resultante de alguno tipo de lesión. La enfermedad prototípica era la parálisis general progresiva que efectivamente es la resultante de lesiones concretas.

Este proceso coincidió también con las primeras descripciones anatómicas, los primeros mapas del cerebro, por primera vez se empieza a estudiar el cerebro sistemáticamente y comienza a desarrollarse una especie de geografía del cerebro que dice: “este lugar hace tal cosa”, “este lugar tiene que ver con tal otra”. De modo tal que este es un primer intento serio de comprender la enfermedad mental a partir de la base física, de la base orgánica concreta de tipo lesional.

Hubo algunas descripciones muy importantes en esta época, muy minuciosas y detalladas; lo central de este período es la mirada sobre el problema de la enfermedad mental y el afán clasificatorio. Siempre pensando la enfermedad mental como algo que le pasa al otro; es decir, entre el clasificador y el enfermo hay un abismo.

El otro es el enfermo. Yo soy el que está sano y desde mi salud, desde mi conocimiento, desde mi saber, lo clasifico, como otros expertos clasifican plantas, insectos o animales.

Este punto de vista empezó a declinar hacia fines de siglo. Entre otras cosas porque evidentemente, había muchas patologías en las que era muy complejo e posible encontrar la famosa base lesional. Enfermos con cuadros muy espectaculares muertos en los hospicios, eran estudiados sus cerebros anatómicamente, con los métodos de exploración de la época y no había ninguna alteración visible.

Posteriormente a este empeño de la psiquiatría por la descripción de enfermedades, desde los comienzos del siglo XX se ha venido asistiendo a una reacción y, progresivamente, se ha tendido a considerar las enfermedades mentales como formas cuya tipicidad de estructura y evolución no puede ser asimilada a una especificidad absoluta de naturaleza, puesto que estos síndromes o reacciones derivan o parecen derivarse de etiologías diversas.

Esta elasticidad del concepto de enfermedades mentales, este carácter más dinámico y, por así decir, más personal de sus manifestaciones, su complejidad y carácter intrincado, se ha operado por la influencia de dos grandes movimientos, profundamente vinculados entre sí.

El aspecto orgánico y anatomopatológico, del proceso morboso fue lo primero que perdió su excesiva vigencia en beneficio de las concepciones psicogénicas o psicodinámicas. Es así como los descubrimientos fundamentales de la estructura del inconsciente y de su papel patógeno por Sigmund Freud ha revolucionado la psiquiatría clásica o “kraepeliniana”. En efecto, según esta perspectiva, la forma rígida de las entidades tiende a desaparecer para prestarse a una interpretación más dinámica del papel de la actividad psíquica en la formación de los cuadros clínicos.

Este cambio de actitud que introduce Freud no sólo significa cambiar el ojo por la oreja, sino que también implica la producción de un acortamiento de las distancias entre el supuestamente sano y el supuestamente enfermo. El enfermo ya no es el otro, como otro distante y lejano. Freud nos dice, que los mismos mecanismos que operan en la patología, operan en cada uno de nosotros, los así llamados normales. Que las mismas estructuras, las mismas instancias, los mismos mecanismos de defensa, están operando tanto en la patología como en la salud. Esto es, que, entre el enfermo y la persona llamada normal, simplemente hay una diferencia de grado, una diferencia de cantidad, no de cualidad. La diferencia no es cualitativa, es simplemente cuantitativa. Entre la angustia que puedo sentir yo como supuestamente normal y la angustia psicótica, no hay una diferencia de calidad, hay diferencia en la cantidad. La psicótica es una angustia que aniquila, es una angustia que desborda, que no tiene control porque hay un colapso defensivo.

De modo que, la lejanía del enfermo ya no es tal, sino que se reduce drásticamente. Se produce un gran cambio de perspectiva que de alguna manera va a marcar todo el siglo XX. Nadie puede dudar de la importancia del pensamiento freudiano en el desarrollo de las ideas y de la vida a lo largo del siglo XX. Paul Ricoeur, en alguno de sus textos dice que los tres pensadores que más han influido a lo largo del siglo XX, son: Nietszche, Marx y Freud. Esto puede ser un poco discutible, pero, no hay ninguna duda que, si no son los tres que más han influido, están por lo menos entre los cinco o seis más importantes.

Lo fundamental, es que hasta fin del siglo XIX, domina un paradigma de conocimiento donde el eje pasa por la mirada, luego desde comienzos del siglo XX un paradigma donde el interés pasa por la escucha, por el entender.

El otro aspecto es que, así como a fines del siglo XIX se pensaba la enfermedad mental y se trataba de comprenderla desde una causa muy concreta, muy determinada como la lesión orgánica; la inclusión del pensamiento freudiano y la profundización del conocimiento de la intimidad de la enfermedad mental, empieza a poner en evidencia que la salud mental no obedece solamente al funcionamiento de las estructuras cerebrales, que también el medio, las experiencias concretas, las interacciones con los otros y la historia de cada sujeto, cuentan para entender el porqué de su mayor o menor equilibrio emocional. Este es uno de los grandes aportes de Freud en la medida que desmedicaliza la enfermedad mental, le quita esta imagen de patología física que tiene que ver exclusivamente con el saber médico e introduce los factores psicológicos, los factores antropológicos, los factores sociales.

Esto termina derivando en un concepto que hoy se maneja habitualmente para comprender la patología mental y es el concepto de policausalidad. Es decir, ya no pensamos, salvo en cuestiones muy puntuales, en patologías muy claramente definidas, ya no pensamos, que la pérdida de salud mental obedece a un único factor, sino más bien a una especie de sumatoria, a una interacción acumulativa de diversos factores. En esto también hay que reconocer el aporte freudiano porque él ya había trabajado el concepto de “series complementarias”, en el que planteaba que la patología se produce por una interacción entre aquellos factores que el sujeto trae genéticamente y la historia personal, los eventos, las cosas que le fueron pasando y que le pasan. Entonces Freud decía: miren entre estos dos factores, lo que llamaríamos lo genético y este otro que llamaríamos la historia del sujeto, hay una relación inversamente proporcional. Esto es que, cuanto mayor sea la carga genética del sujeto, menor importancia tendrán que tener los eventos de su vida para que ese sujeto se descompense y viceversa. De modo que depende de una doble serie de factores que tienen que ver, por un lado con el cuerpo y por el otro con la historia del sujeto, con la historia en el sentido más amplio del término, con la historia personal y con la historia en el sentido de coyuntura histórica, con el contexto de época en el que a cada uno le toca vivir. Estas dos series de factores, interactuando, absolutamente imbricadas una con la otra, son las que permiten comprender más cabalmente porque una persona enferma.

Esto se expresa en la definición de salud mental que propone la Organización Mundial de la Salud la cual surge por consenso de un grupo de expertos de distintos países del mundo y que dice: “La salud mental se definió como aquel estado sujeto a fluctuaciones, provenientes de factores biológicos y sociales, donde el individuo se encuentra en condiciones de conseguir una síntesis satisfactoria de sus tendencias instintivas, potencialmente antagónicas, así como para formar y mantener relaciones armoniosas con los demás y para participar constructivamente en los cambios que puedan producirse en su medio ambiente físico y social”.


¿A qué se refiere el concepto de salud mental?

Ante la expresión Salud Mental generalmente se piensa en la enfermedad mental. No obstante debemos saber que Salud Mental no solamente es ausencia de enfermedad mental, sino que implica mucho más que eso.

Se refiere al completo bienestar físico, psíquico y social. Estado en que el ser ejerce sus funciones normalmente. Nos habla fundamentalmente del derecho a vivir en un equilibrio psico-emocional que, aun siendo inestable, porque vivir lo es, no acarree más sufrimiento que el esfuerzo necesario para mantener ese equilibrio o para lograr otro más adecuado a nuevas circunstancias.

Consistiría en que al individuo se le posibilite ejercitar su capacidad para desarrollarse y de realizar cambios que conduzcan al crecimiento y evolución personal. La Salud Mental es un estado de relativo equilibrio e integración de aquellos aspectos conflictivos que conforman al individuo, por lo tanto que la persona tenga buen estado de salud implica poder enfermar y tener la capacidad de restablecerse.

Independientemente de la denominación con que hagamos referencia a ella, es un estado al que a todos nos gustaría acceder y del cual poder disfrutar.

Cuando hablamos de satisfacción, alegría, goce, placer, tranquilidad, paz, nos referimos a la Salud mental; muchas veces sin darnos cuenta que lo estamos haciendo.

Está estrechamente vinculada con nuestra vida de todos los días. Presente en el modo de relacionarnos con quienes compartimos los diversos momentos diarios: familiares, amigos, compañeros de trabajo, pareja y los demás integrantes de la comunidad a la cual pertenecemos. Esto comprende la forma en que cada uno logra armonizar las demandas de la vida, para poder afrontarlas; sus recursos, ideales, valores, habilidades, sentimientos, proyectos, conductas, etc.

La vida de toda persona sana supone animarse a tener conflictos, enfrentar dudas y frustraciones, sentir miedos, pero lo importante estará en la posibilidad de sentir siempre “que está viviendo su propia vida” y no la de otro y en “asumir responsabilidad” por todo aquello que se hace o se deja de hacer.

Salud no significa ausencia de conflicto. Inevitablemente todo ser humano está sujeto a experimentar conflictos entre el amor, el odio, el temor, la necesidad de subsistir y la impotencia infantil, por lo tanto es indispensable que se desarrolle algún sistema que proteja; mediante el cual estas fuerzas en conflicto puedan ser contenidas y orientadas en forma constructiva hacia una meta común.

Salud significa contar con los recursos de resolución o equilibrio cuando un individuo tiene la capacidad para deprimirse a partir de sus frustraciones, la culpa, la equivocación y puede tolerarlo, es un buen índice de salud que revela la integración personal alcanzada.

Por consiguiente la salud mental, concebida como interjuego, movilización y cambio, consistiría en la posibilidad de reorganizaciones y equilibraciones creativas y adaptativas. No ausencia de patología, sino poder enfermarse y restablecerse, ser capaces de desarrollarnos y generar cambios que nos lleven a un crecimiento y evolución como personas. La patología, la enfermedad psíquica sería la rigidez, la cristalización, una adaptación rígida, inamovible a ciertas pautas, normas, a los continuos cambios en el mundo, en nuestra existencia. La dificultad para contemplar diversas alternativas ante las exigencias y necesidades internas y/o del mundo externo y no la presencia de conflictos, inherente a todo ser humano, el cual siendo sano en grado suficiente los enfrentará, atravesará más allá del posible resultado. Afrontamiento necesario para el crecimiento, desarrollo y maduración personal, constituyendo una experiencia psicológica enriquecedora y satisfactoria cognitiva y afectivamente.


Bohoslavsky
analiza las conductas de una persona psíquicamente sana en términos de:

– Seguridad. Se logra en la medida en que puedan cumplirse los objetivos propuestos.

– Autonomía. Supone a una persona dueña de sus decisiones y de la elaboración de sus proyectos. Se vincula con el constante interjuego entre sus necesidades de seguridad, protección y las de sentirse en cierta medida independiente de la voluntad y el poder de los otros. Bastante difícil actualmente debido a la influencia de estilos de comunicación social orientados a unificar, masificar y fabricar individuos gradualmente menos reflexivos y con deficiente actitud crítica.

– Responsabilidad. El individuo se hace cargo de las consecuencias de sus decisiones.

– Adaptación. En relación con la satisfacción de necesidades. Implica poseer la capacidad de esperar y tolerar las frustraciones.

– Renuncia a la omnipotencia. La presencia continua de futuro, que es limitado y finito.

Nuestro ciclo vital está delineado por el proceso de crecimiento que supone cambios, transiciones y adaptación. Durante ese ciclo, la persona interviene en situaciones en las que se encuentra con hechos imprevistos, azarosos y que le generan estrés (tensión emocional). Hoy sabemos que existe una estrecha relación entre el estrés y distintos tipos de trastornos psicológicos y somáticos. Pensemos a modo de ejemplo en la precariedad e inestabilidad laboral, la inseguridad y la marginalidad social, la impotencia ante el alto nivel de corrupción e impunidad que impera, etc.

Hartmann ha estudiado el papel de la adaptación, entendida como posibilidad de dominio de la realidad, en un desarrollo psicológico sano. En general, una persona bien adaptada sería aquella en la cual su productividad, su capacidad para disfrutar de la vida y su equilibrio mental no están perturbados.

Los procesos de adaptación aluden a una interrelación constante entre variables internas: autoconcepto, identidad personal, autoconfianza, sentimiento de eficacia personal, autoestima, etc. y variables externas: La estructura social, su lugar en la misma, las posibilidades de realización y gratificación en el ámbito personal y social, y las formas de trabajo que codeterminan las reales posibilidades de adaptación que toda persona tiene.

Actualmente, un desafío sería brindar las condiciones que permitan conductas originales y creativas sin llegar a un individualismo que deje de lado el bien común, la solidaridad, el nosotros.

La Salud Mental es una condición y un nivel de funcionamiento social que conlleva dos necesidades: La necesidad de adaptación social y la necesidad de lograr satisfacciones y realizaciones personales; se relaciona con el bienestar psicológico.

La importancia del estudio del bienestar viene dada principalmente porque se considera un componente esencial de la salud. La salud en su concepción más amplia permite afirmar que, evaluar niveles de bienestar es evaluar niveles de salud, por lo que, en el trabajo sanitario enfocado en el sentido positivo, la evaluación del bienestar cobra una especial significación. Por tanto, se impone la necesidad de profundizar en el estudio del bienestar psicológico y proponer un modelo metodológico de tal forma que sea posible y técnicamente acertado desarrollar estudios acerca de la influencia recíproca entre los factores psicológicos y la salud en general. Para proponer un modelo metodológico aplicable a la evaluación del bienestar partimos del principio de que el bienestar psicológico expresa el sentir positivo y el pensar constructivo del ser humano acerca de sí mismo y que posee un carácter subjetivo-vivencial. En relación con la categoría de “calidad de vida”, el bienestar constituye, la dimensión subjetiva de ésta. El bienestar se relaciona con aspectos particulares del funcionamiento físico, psíquico y social, y es, en esencia, una experiencia humana vinculada al presente.

Aunque sea una experiencia “del aquí y ahora”, el bienestar posee una proyección al futuro, pues se produce justamente por el logro de bienes. Es en este sentido que el bienestar surge del balance entre las expectativas (proyección de futuro) y los logros (valoración del presente) en las áreas de mayor interés para el ser humano, que son el trabajo, la familia, la salud, las condiciones materiales de vida, las relaciones interpersonales y las relaciones sexuales y afectivas con la pareja. Esa satisfacción con la vida surge como punto de partida de una transacción entre el individuo y su entorno micro y macrosocial, donde se incluyen las condiciones objetivas materiales y sociales, que brindan al hombre determinadas oportunidades para la realización personal.

El bienestar se construye por el individuo en estrecha vinculación con su entorno macro y micro social y posee, un componente cognitivo-valorativo y otro componente afectivo-emocional.

Por último, podemos afirmar lo siguiente, que el individuo sea “normal” no es sinónimo de estar sano, pues la enfermedad puede presentarse como una forma de normalidad.

Estar sano implica ser normal en determinada situación; pero además, en situaciones imprevistas, poder superar la norma, tolerar infracciones a la norma establecida e instaurar nuevas normas.

Tener buena salud significa poder enfermarse y recuperarse. En realidad personas que parecen muy sanas, normales y muy adaptados pueden estar en peligro somática y psíquicamente.

Por ejemplo, los enfermos psicosomáticos y sobreadaptados: individuos que sufren los típicos infartos masivos cuando tratan de alcanzar las metas promocionadas e impuestas por la cultura postmoderna: dinero, posesiones materiales, éxito, fama, competitividad, eficacia, etc.

 

Autores:

Héctor Lamas Rojas
Ps. Alcira Murrugarra Abanto
Sociedad Peruana de Resiliencia

Oblitas, L.A. (2013). Psicología de la Salud y Enfermedades Crónicas Volumen 1. Bogotá: Biblomedia Editores

http://biblomedia.com/producto/psicologia-salud-enfermedades-cronicas-volumen-1/

 

2 Comentarios

  • Marisa

    Me parece apropiado y posible .La integración de diferentes ópticas resolutivas es una manera de llegar a un concepto global de la persona.

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  • Ausberto Guerra

    Buen intento de plantear una “salud integral” . Dentro de los factores subjetivos planteados, creo que seria muy útil incluir la disciplina teológica,. desde la perspectiva de la espiritualidad en el ser.

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