El estrés de los inmigrantes y los cuatro factores vinculantes

Al parecer sobre Europa sobrevuela un fantasma: La inmigración. Los europeos se sienten temerosos de las consecuencias de la misma, a pesar que de cómo consecuencia de la globalización, es ya un hecho irreversible. Debido a la expansión de los mercados, cada día es más frecuente la movilidad de los sujetos y la desaparición de límites fronterizos entre los países. Por otro lado, se olvida también la historia europea de migración y colonización por el mundo entero en siglos anteriores.

En el mundo hay actualmente, más de 150 millones de inmigrantes, 30 millones de desplazados y 15 millones de refugiados. El principal motivo de la inmigración es la pobreza y la ausencia de perspectivas, hasta el punto de que muchas personas arriesgan su vida en la travesía de la inmigración y la búsqueda de su sueño. En Europa viven hoy unos 20 millones de inmigrantes, auque se calcula que para el año 2050, según datos de Naciones Unidas, se necesitarán más de 50 millones de inmigrantes para mantener el estado actual de bienestar y el sistema de pensiones.

España, por ejemplo, fue tradicionalmente un país de emigrantes durante gran parte del siglo XX, solo empezó a detenerse esta tendencia a mediados de los años 70 y 80, y entonces pasó a convertirse en un país receptor de inmigrantes. Como tal, a mediados del año 2000, por cada dos españoles que se encontraban fuera, había un inmigrante extranjero dentro de España[1] y mucha de la población inmigrante provenía de la misma Europa y de países con mejores condiciones económicas (que para 1998 era cerca al 45,93%). Sin embargo, en el último lustro se ha visto un aumento cada vez mayor de la población inmigrante que proviene de países con menores condiciones económicas que las de España, principalmente de África, Europa del este, Latinoamérica y Asia.

Recordemos que los migrantes son la población móvil que establece su residencia o permanece un tiempo prolongado en un país extranjero[2]. La movilidad migratoria de estas personas está motivada, generalmente, en la búsqueda de mejores condiciones de vida, sin embargo, en muchas de las ocasiones lo que sucede es lo contrario debido a las dificultades que debe atravesar, precisamente por su condición de inmigrantes, sobre todo si está en situación “ilegal” o “irregular”.

Precisamente, estas difíciles condiciones que plantea la inmigración y que se han hecho particularmente duras desde hace 5 años cuando empezó una política de cierre de fronteras en muchos países desarrollados del mundo (principalmente Europa y EE.UU., recrudecida por el terrorismo internacional a partir del 11-S), han terminado por generar una serie de secuelas en la población, que en la actualidad se denominan Síndrome de Ulises.

Este terminó lo acuño el Dr. Joseba Achotegui, psiquiatra y profesor en la Universidad de Barcelona, que publicó el libro ‘La depresión de los inmigrantes: una perspectiva transcultural’ y calificó como Síndrome de Ulises, un trastorno mental que afecta a la mayoría de inmigrantes que están en España en situación irregular[3]. El Dr. Achotegui, lo bautizó así por la figura mitológica de la antigüedad, protagonista de la Odisea de Homero, que, atribulado por retornar a su país y a su casa, sufre peligros y adversidades.

El ‘Síndrome de Ulises’, es una patología de la familia del estrés crónico que afecta a inmigrantes irregulares en situaciones extremas. En España viven 1,6 millones de inmigrantes regulares y otro millón de irregulares, Achoategui calcula que podrían sufrir el síndrome cerca de 330.000 personas, un tercio del millón aproximado de ‘sin papeles’ que se encuentran en el Estado[4].

Entre sus síntomas podemos encontrar: tristeza, fatiga, insomnio, desorientación, pérdidas de memoria, grandes dolores de cabeza, pensamientos negativos recurrentes. Los afectados por el ‘Síndrome de Ulises’ son siempre personas sanas y fuertes, que ya no pueden soportar un estrés inhumano derivado del hecho migratorio. La mayoría de las veces llegan a los centros sanitarios para ser atendido por problemas físicos o somatizaciones producto del alto índice de estrés al que se ven sometidos y es necesario desarrollar programas integrales de atención sanitaria.

El síndrome afecta a todas las culturas, tanto hombres como mujeres y también niños. El mundo está lleno de modernos Ulises, y el fenómeno ha pasado ya de las oficinas de extranjería a los consultorios de los psiquiatras y a convertirse en tema de política internacional.

Los emigrantes deben adaptarse a una cultura, estilo de vida, idioma, clima, comidas, entre otras cosas y deben ser rápidos en esta adaptación. Así mismo deben afrontar la nostalgia que produce la separación de su familia y amigos. Estos dos elementos: El adaptarse rápidamente y la separación de su familia y amistades pueden ser los desencadenantes de un gran estrés.

El estrés de los inmigrantes tiene cuatro factores vinculantes: soledad, al abandonar la familia; sentimiento de fracaso, al quedar sin posibilidades de acceder al mercado laboral; sentimiento de miedo, a veces por quedar sometidos a mafias, y sentimiento de lucha por sobrevivir[5].

A lo anterior hay que sumar las dificultades en relación a: información sanitaria (la información desarrollada para la población en general, no llega a estos colectivos); los servicios de salud (encontramos restricciones internas y externas que provocan que estos colectivos se encuentren con dificultades de acceso a los servicios); y el cambio/ mantenimiento de conductas (dificultades para variar/ evitar conductas que pueden ser perjudiciales para la salud o para mantener/ iniciar conductas que puedan suponer una protección para la salud).

Por otro lado, dentro del colectivo migrante, las mujeres constituyen aproximadamente el 47% a nivel mundial, y en algunas regiones del mundo forman la mayor parte de la migración[6]. Las diferencias de género también tienen un efecto importante en el proceso de migración.

Por ejemplo, las oportunidades de empleo suelen ser más limitadas para las mujeres migratorias, que pueden verse reducidas a vivir en una economía paralela, trabajando en condiciones inferiores, sujetas a la discriminación como mujeres y como migrantes, e incapaces de reclamar los derechos que les corresponden. En general tienen poco o ningún acceso a los servicios de salud reproductiva. También es posible que tengan poco o ningún poder de negociación para evitar relaciones sexuales peligrosas o no deseadas durante el viaje y en su destino.

Un gran número de mujeres se desplazan para trabajar como empleadas domésticas. Con frecuencia sus derechos no se respetan, y las leyes o costumbres locales no las protegen. Pueden ser explotadas sexualmente por sus empleadores. Algunas mujeres emigran para dedicarse a ocupaciones que implican un mayor riesgo de exponerse al VIH, como el comercio sexual. Otras mujeres y muchachas (y también muchachos) son víctimas del engaño, la coacción o el tráfico e ingresan en el comercio sexual. Además, otras mujeres acaban en situaciones vulnerables y precarias después de haber entrado clandestinamente en países para reunirse con sus esposos o parejas que habían emigrado[7].

Ante tal abanico de situaciones, consideramos que es totalmente pertinente el trabajo que el psicólogo puede aportar para el desarrollo de programas de atención y apoyo al colectivo de inmigrantes desde un punto de vista integral de la salud física y mental con el fin de apoyar la adecuada adaptación a las nuevas condiciones de vida que viven en los países europeos.

Como cierre, quisiera dejar un punto de reflexión a partir del decálogo del Inmigrante tomado de www.inmigrantesargentinos.com:

Decálogo del emigrante

No sufrirás al partir. Te harás duro en cuanto pises el avión.

Deberás rendir examen todos los días fuera de tu país.

Deberás apoyarte en tus compatriotas, y no escapar de ellos.

No renunciarás nunca, por más que sea íntimamente, a tu propia identidad.

Tu actitud deberá ser diferente, y tendrás que acostumbrarte a otros tonos, otras costumbres, otros decires y otras historias.

No crees nunca tu propio “gueto” encerrándote en tu casa y en tu familia.

Aprende a comprender a la gente del país al que te has ido. Te ayudará para la convivencia.

No pienses en volver. La emigración es en la mayoría de las ocasiones, un camino sin regreso definitivo.

No sufras por lo que has dejado. Alégrate por lo que has encontrado.

Disfruta de lo que vives y no desaproveches el tiempo.

Referencias

[1] Prada, Actis y Pereda (2000). Panorámica de la inmigración en España. En Prevención del VIH-SIDA en inmigrantes y minorías étnicas. Ministerio de Sanidad y Consumo.

[2] ONUSIDA, actualización técnica. (2001) Movilidad de la población y SIDA.

[3] “La mayoría de los inmigrantes en situación irregular en España sufre trastornos mentales”. http://bit.ly/2FTUbzo

[4] Aspectos psicológicos de la inmigración. http://bit.ly/30vNVr9

[5] Sandoval, O. A. (2003) Como el estrés afecta a los inmigrantes. http://bit.ly/1DYnlVs

[6]  ONUSIDA, actualización técnica. (2001) Movilidad de la población y SIDA.

[7] Idem.

Autor

Jairo A. Rozo C., Ph.D.
Coordinador del Laboratorio de Psicología Ivan Pavlov
Fundación Universitaria Los Libertadores, Colombia

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